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Full text of "La jura en Santa Gadea : drama en tres actos en verso"

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LA JURA EN SANTA GADEA, 



DRAMA EN TRES ACTOS EN VERSO. 



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LA JIRA EN SANTA GADEA, 



DRAMA EN TRES ACTOS EN VEKSO, 



DE 



DON JUAN EUGENIO KART Z EN BUS CH. 




EN LA IMPRENTA NACIONAL, 

1814. 



PERSONAS. 




EL REY D. ALFONSO el VI de León. 

LA REINA ALRERTA , viada de D. Sancho II. 

RODRIGO ó RUIZ DÍAZ DE VIVAR, el Cid Campeador, 

JIMENA DÍAZ. 

GONZALO ANSUREZ. 

ALVAR FAÑEZ. 

ILLAN. 

NÜÑA. 

Caballeros castellanos. 

Caballeros leoneses, gallegos y asturianos. 

Damas. 

Pueblo burgalés. 



La escena es en Burgos y extramuros, 
año de 1073. 



«: 



Este Drama, que perteneced la Galería Dramática, 
es propiedad del Editor de los teatros moderno , antiguo 
español y estrangero ; quien perseguirá ante la ley al 
que le reimprima ó represente en algún teatro del reino, 
sin recibir para ello su autorización , según previene la 
Real orden inserta en la Gaceta de 8 de Mayo de 1857, y 
la de 10 de Abril de 1859, relativas á la propiedad de 
las obras dramáticas. 



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SEÑOR D. ANTONIO GIL Y ZARATE, 



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in 2013 



http://archive.org/details/lajuraensantagad25711hart 



ACTO PRIMERO. 



Vestíbulo de una ermita cercana á Burgos. En el fondo , entre 
dos pilares , la puerta : y á un lado y otro unas verjas de 
madera sobre un macizo de una vara de alto. A la derecha 
del espectador las gradas y la puerta de la capilla. En el mis- 
mo lado* cerca del proscenio, una tabla de ex-voto y debajo 
un corazón pequeño de metal, colgado de una cadenilla: 
otro igual en la pared de en frente. Por la puerta y el en- 
verjado del fondo se descubre el campo. 

ESCENA I. 

La Reina ALBERTA (1) (*), el CID, ILLAN, damas 

Y caballeros castellanos , todos saliendo de la capilla. El 

acompañamiento se va fucila del vestíbulo; la Reina y el 

Cid se adelantan hacia el proscenio. 

Reina. Acabe de visitar 

los lugares que solia 

mi esposo en mi compañía 

ó yo sin e'l frecuentar. 

Mil recuerdos de placer 

llevare' de este confin 

á las orillas del Rhin 

que vio mi cuna mecer. 

Del suelo por él fecundo 

que le abre cauce hondo y ancho, 

vine para unirme á Sancho, 

Rey de Castilla segundo. 

Viuda el alevoso acero 

de un cobarde me dejó, 

sin que á la corona yo 



(*) Véase la primera de las notas puestas al fin del drama. 



10 LA JURA EN SANTA GADEA. 

tributase un heredero. 
Título al cetro perdí; 
bajar del solio me toca : 
no murmurará mi boca 
de Dios que lo quiere así: 
pues me dio lo que me quita , 
no conviene hacer extremos. 
Vos, en tanto que volvemos 
á Burgos desde esta ermita, 
ved si con algún favor 
me puedo amiga mostrar 
de Rodrigo de Vivar, 
el noble Cid Campeador. 

Cid. ¿Q ue ' gracia queréis que pida, 

si me llamáis vuestro amigo? 
Con ese nombre consigo 
mas que ambicione en mi vida. 
Por cierto que entrando vos 
en número, mi cosecha 
de amigos hasta la fecha 
se reduce solo á dos. 
El uno Alvar Fañez es, 
mi primo, joven valiente, 
que de ordinario anda ausente 
allá en el reino leone's. 
Vos ya me anunciasteis hoy 
el viaje al suelo nativo: 
poco en amistades privo, 
poco afortunado soy. 
Por mi genio pertinaz 
me dejan: no es maravilla: 
vos en Vormes, yo en Castilla , 
mantendre'monos en paz, 
y de ser blasonare' 
con la Reina mas dichoso 
que fui con su real esposo, 
cuyas iras provoque, 
porque mi labio imparcial, 
que nunca aplaude al que yerra, 
se opuso á la injusta guerra 
que os ha sido tan fatal. 

Reina. Por final disposición 



ACTO I. H 

del gran Fernando primero 
de un reino quedó heredero 
eada hijo sujo varón , 
easi en regia dignidad 
las hembras también quedando , 
investida con el mando 
eada cual de una ciudad. 
Así aquella monarquía 
fuerte antes, recayó flaca 
en Elvira y en Urraca , 
en Sancho, Alfonso y García. 
Mal hubo Sancho de ver 
así de su mayorazgo 
dar uno y otro infantazgo , 
y tres coronas hacer : 
afrentaba su decoro 
el título de señora 
que Urraca tomó en Zamora , 
que Elvira se impuso en Toro, 
y era insulto á la justicia 
que Alfonso en León reinara , 
y tendiese la áurea vara 
García sobre Galicia. 
Padre harto mejor que rey, 
Fernando con loco ahinco 
rasgó sin duelo entre cinco 
la púrpura de uno en ley : 
y á fuer de hermano mayor, 
Sancho unir quiso por tanto 
los girones que á su manto 
arrancó el paterno amor. 
Cid. Fue resolución estraña 

la de hacer tantas partijas; 

por hijos miró y por hijas 

Fernando, no por España. 

Pero ya que mal ó bien 

la división aceptó 

el reino en Cortes, debió 

Sancho admitirla también. 

Yo culpe', yo resistí 

que guerra á su sangre hiciera : 

me mandó que le siguiera, 



12 LA JURA EN SANTA GADEA. 

y entonces obedecí. 
Marcho á León , rompo , hiero : 
logra en Llantada triunfar 
Sancho, y junto á Volpellar 
queda Alfonso prisionero. 
Corre la misma fortuna 
García luego en su tierra, 
y vencido se le encierra 
en el castillo de Luna. 
Bien me repugnaba en pro 
de mala causa lidiar; 
pero eso lo ha de mirar 
el gefe, el soldado no. 
«Ya veis, aunque traigo queja, 
que os sirvo,» clamaba terco 
yo á vuestro esposo en el cerco 
sobre Zamora la vieja. 
«Imitadme y respetad 
vos, aunque de mala gana, 
los derechos de una hermana 
y una augusta voluntad.» 
Ruego vano: ¿y que' resulta? 
Que el traidor Vellido llega, 
y al Rey propone la entrega 
de no se' que' puerta oculta. 
Él no entiende la solapa; 

vanse juntos ¡voto al diablo! 

traspasa con un venablo 
el pe'rfido al Rey, y escapa. 

Reina. ¡Ah! 

Cid. ¡Yo que correr le vi, 

que inquieto agarre de pronto 
un caballo ageno, monto 
sin hierro en el borceguí! 
¡ Y aquel infame Iscariote 
iba volando de miedo! 

Sigo , sigo ¡ que ! ni aun puedo 

sacar al rocin del trote, 
por mas que la doble suela 
mi pie en el hijar le mete. 
¡ Maldiga Dios al ginete 
que cabalga sin espuela ! 



ACTO I. 

Reina. Sufro que vituperéis 
á mi difunto marido, 
pues por vengarle en Vellido 
se' lo que hicisteis y hacéis, 
y que no verá en su frente 
Alfonso la castellana 
diadema , si no se allana 
primero solemnemente 
;í jurar que no pensó , 
ni ordenó, ni se ha tratado 
con el el fiero atentado 
que Zamora presenció. 

Cid. Exigir ese seguro 

es ley que hizo el reino entero, 

y yo á fe de caballero 

que nos la cumplan os juro. 

Fue Don Alfonso al país 

de León á recobrar 

su cetro, y vos á la par 



13 



Mas que pensábamos tarda ; 
pero en llegando 

Reina. ¿Os vendréis 

luego á mi patria? 

Cid. No instéis. 

Reina. Sí, la Alemania os aguarda. 

Cid. Contra el moro furibundo 

necesita España brazos, 
y estos humildes ribazos 
para mí valen un mundo. 
Me abrasa la comezón 
de hincar al infiel el diente , 
y á nuestros Reyes patente 
ponerles su obligación. 
Con cuatro palmos aun 
de tierra, se andan matando 
entre sí, quieto dejando 
al enemigo común. 
Como algo me tuerza el gesto 
Alfonso (porque si no, 
primero es él), se acabó, 
armo gente, busco un puesto, 



U LA JURA EN SANTA GADEA. 

planto mi bandera verde (2), 
señal de firme esperanza , 

y desde alií con mi lanza 

Reina. Permitidme que os recuerde 
que para eso falta os hace 
mas caudal que manejáis. 
¿Por que' no lo acrecentáis 
á favor de un rico enlace? 
¿Queréis que elija una dama 
para vos, por despedida? 

Cid. Señora 

Reina. ¿Está ya elegida? 

Sepamos cómo se llama. 
Por fin habréis de casaros: 
edad contais con exceso (5). 
Cid. ¡En que sitio me habláis de eso! 

Reina. Pues aquí Fuera reparos. 

Cid. Aquí el astro rutilante 

del bien para mí lució, 
aquí mi pecho sintió 
el primer latido amante; 
aquí mi voz siempre esquiva 
sonó una vez cariñosa , 
aquí me dio el sí la hermosa 
que adorare' mientras viva. 
Reina. ¿Eso hay? 

Cid. A hora muy temprana, 

con venatorios adornos 
salí por estos contornos 
de Burgos una mañana. 
Por entre una y otra breña 
dos mugeres descubrí : 
mire, no las conocí: 
era una niña y su dueña. 
Virgen celeste, ángel bello 
á la niña imagine': 
desnudo llevaba el pie , 
tendido atrás el cabello, 
sobre un vestido galano 
corta y burda tunicela, 
en una mano una vela 
y un cestiílo en la otra mano. 



Reina. 
Cid. 



Reina. 



Cid. 

Reina. 

Cid. 

Reina. 

Cid. 

Reina. 

Cid. 



ACTO I. 

Iba á cumplir algún voto 
en hábito penitente. 
Su madre estaba doliente. 
En esto , cruzando el soto , 
sale á caballo un jayán, 
traba de la crencha rica 
á la hermosa , álzala y pica 
el bárbaro á su alazán, 
dando por mayor agravio, 
para que la presa calle, 
tormento á talle con talle 
y horror á labio con labio. 
«[Socorro! ¿quie'n nos ampara? 
gritó la dueña: en respuesta 
lanzó de sí mi ballesta 
contra el ladrón una jara. 
Cayó, espiró, corrí, hable': 
la joven, algo indecisa, 
trájome aquí, oyó la misa, 
y hasta Burgos la escolte. 
Tornó, le ofrecí mi amor, 
y escuchóme sin desvío, 
sufriendo un abrazo mió 
por los del vil robador. 

Y luego en cada venida 
debí á mi prenda adorada 
mas cariño á la llegada, 
mas y mas en la partida. 

Lloró una vez sin querer 

fue nuestro mal presentir: 
ojos que la vieron ir, 
nunca la han visto volver. 

Y la que de amores loco 
tiene al burgale's prohombre, 
¿quie'n es? 

No supe su nombre. 
¿Sabe ella el vuestro? 

Tampoco, 
No es de Burgos , por supuesto. 
Ni vive en sus cercanías. 
¿Y eso ha pasado hace dias? 
Hará siete años muy presto. 



15 



16 

Reina. 

Cid. 

Reina. 

Cid. 

Reina. 

Cid. 



Reina. 



LA JURA EN SANTA GADEA. 

t Si os olvidó? 

¿Veis allí 
un corazón de metal? 
Sí. 

¿Veis en frente otro igual? 



Ex- votos sin duda. 

Sí; 
pero á cada corazón 
de esos dos, que aquí pusimos 
la incógnita y jo, les dimos 
doble significación; 
y mirando aquel , arguyo 
que me es mi dama constante, 
pues el que su fe quebrante , 
ha de retirar el suyo. 
¡Ay Rui Diaz! advertid 
que es mucho para muger 
siete años, y no saber 
que era la dama del Cid. 



ESCENA II 



ALVAR FAÑEZ.— Dichos. 



Alvar. 



Reina. 

Cid. 

Alvar. 

Cid. 

Alvar. 

Reina. 



Alvar. 



(Hablando al salir con unos caballeros de la 
comitiva de la Reina?) 
¿Que' me decís? ¿es posible? 
; Aquí el Cid ! ¡ aquí la Reina ! 
¿Quien....? Pero Alvar Fañez es. , 

j Mi primo! 

Señora excelsa , 
dadme la mano á besar. 
; Alvaro! 



un abrazo. 



¡Rodrigo! Venga 



íCói 



nos cogéis tan de sorpresa? 
¿De dónde venís? 

Señora , 
de León , no via recta , 
porque después que asistí 



ACTO I. 



17 



á las magníficas fiestas 
con que del Rey Don Alfonso 
se ha celebrado la vuelta, 
casi un mes con unos deudos 
he pasado en una aldea. 
Reina. ¿Cuándo acude Alfonso á dar 
fin á mi lugartenencia? 
Hace tiempo ya que en Burgos 
nada se sabe. 
Alvar. Mis nuevas 

algo atrasadas serán, 
y debisteis ya tenerlas. 
Alfonso marchó á Galicia 
con extraña diligencia , 
mandando por todos lados 
tropas hacia la frontera. 
Cid. ¡A Galicia! 

Reina. ¿Hubo tal vez 

alguna desavenencia 
entre García y Alfonso? 
Alvar. Se dice que experimenta 

el buen Don García á ratos 

Reina. ¿Q u ¿? 

Alvar. Trastornos de cabeza (4), 

raptos de locura: Alfonso 
querrá curarle, á la cuenta, 
y será para la cura 
el ejercito que lleva. 
Cid. Todo eso se ignora aquí. 

Reina. Y es para escitar sospechas 
el que Alfonso no me avise 
de tan graves ocurrencias. 
Como estoy de despedida..».. 
Cid. Vos os vais y el reino quedan 

Bien merece 

Reina. ¿Priva alguno 

con el Rey? 
Cid. ¿Quien le aconseja? 

Alvar. Gonzalo Ansurez. 
Cid. Vasallo 

fiel y de valor á prueba. 
Reina. 



Pero altanero, envidioso. 



i 



18 



Alvar. 



Reina. 

Alvar. 

Reina. 

Alvar. 

Cid. 

Alvar. 



Cid. 
Reina. 
Cid. 
Alvar. 



Cid. 
Reina. 



LA JURA EN SANTA GADEA. 

Pronto veréis como siembra 
cizaña entre vos y el Rey. 
Don Alfonso el Sexto aprecia 
como merece á mi primo : 
lo se' de su boca regia. 
Solo en hacerle favor, 
solo en complacerle piensa. 
Porque es magnánimo Alfonso 
como no tenéis idea : 
el de la mano horadada 
le llaman por sus larguezas. 
Por cierto que he de pedirle 
una merced no pequeña : 
la mano de una hermosura 
confiada á su tutela. 
Buen Alvar Fañcz, decid 
lo que á Rodrigo interesa. 
También os importa á vos. 
¡A mí! 

Sí, y en gran manera. 
¿Pues cómo? 

En León me dijo 
el Rey: «mi cunada Alberta 
sin hijos quedó de Sancho: 
si á Rodrigo pretendiera 
yo como á un príncipe honrar; 
si se hiciese la propuesta 
al Cid y á la Reina viuda 
de casarse, ; consintieran?» 



Oí 



; g 



oigo I 



Vos ¿que respondisteis? 
Sin duda alguna simpleza. 
Respondí: «señor, tres veces 
en tres mortales refriegas 
debí la vida á mi primo: 
si yo ciñese diadema, 
si yo tuviese tres hijas, 
la mas hermosa le diera.» 
¡ Loco ! 

Dijo bien: con todo, 
si en mi lugar estuvierais, 
hubieseis dicho cpie el Cid 



ACTO I. 

tiene una pasión secreta 

siete años há. 
Alvar. ¡Y me lo calla! 

¡Felonía como ella! 
Reina. Y á la que el lecho ocupó 

de un Monarca, la sujeta 

el uso, casi hecho ley, 

á retirarse á una celda. 

Cid. Si no quiere 

Reina. A veces debe 

quererse aunque no se quiera. 

Cid. (Aparte?) No se' que' pensar. 



13 



ESCENA III. 

ILLAN.— Dichos. 



{Los caballeros y las damas aparecen en el fondo?) 

Illan. Señora , 

ginetes aquí se acercan, 

que á Burgos parece van 

escoltando una litera, 

y hemos creído á lo lejos 

oir cajas y trompetas. 
Alvar. También se me ha figurado 

lo mismo veces diversas, 

y he vuelto el rostro y he visto 

una grande polvareda. 
Reina. ¿Q lie será? ¿Que novedad....? 
Cid. Señora, prudente fuera 

retiraros. 
Reina. En efecto. 

Alvar. Si me concedéis licencia 

de serviros 

Reina. ¿Por que' no? 

Cid. Yo veré que' tropa es esa. 

Reina. Rodrigo, á Dios. 
Cid. El os guarde. , 

(léanse la Reina, Alvar Fañez, Ulan, los caballeros y 
las damas?) 



20 LA JURA EN SANTA GADEA. 

ESCENA IV. 
El CID. 

Por San Pedro de Cardería, 
que la viuda de Don Sancho, 
si el orgullo no me ciega, 
me cobra afición. Sus ojos, 
su mal guardada reserva, 
¿que' indican? — Mas ¿no rehusa 
la boda que el Rey proyecta? 
¿He de imaginar que fiuge? 
¿Puedo sospechar que mienta? 
Imposible: soy mas necio 
que mi caballo Babieca. 
Ño me quiere, no, ni debe 
quererme , ni yo quererla. 

Pero jay! mi desconocida 

[Tan niña! rayaba apenas 

en los trece: ¿habrá olvidado 

nuestra solemne promesa ? 

¿ó la habrá roto quizá, 

y aquí por escarnio deja 

suspendida de su amor 

la ya mentirosa prenda ? 

¿Y yo despreciara en tanto 

el amor y las riquezas 

que puedo tal vez....? — ¿Si habrá 

muerto? Pero viva 6 muerta, 

no he de amar á otra muger. 

Será locura; que sea: 

no afrentaré yo mi nombre 

por locuras como esta. 

(Yéndose á mirar al fondón) 

Registremos Allí ya 

se ha parado la litera. 
Dos damas se han apeado 
y hacia aquí vienen cubiertas. 
Una romería. 



ACTO I. 21 

ESCENA V. 

JIMENA (5) y NUÑA con los velos echados.— El CID. 

Jimena. {Saliendo acelerada.} Aquí, 

aquí fue, Nuña: ¿te acuerdas? 
Nuña. Como el primer dia. 

Jimena. {Bajo á Nuña?) [Un hombre! 

Aguarda á ver si despeja. 
Cid. {Ajmrte.} Con misterio hablan las dos: 

me holgara de conocerlas. 
Jimena. No se va. — Mírale Nuña; (Conociéndole.} 

mírale tú: á mí una niebla 

me ofusca la vista : mírale. 
Cid. {Aparte.} ¿Si las estorbo? 
Nuña. Dijera 

que es el; pero no, que es este 

mas gallardo de presencia. 
Jimena. Por eso debe ser el. 
Cid. {Aparte.} Me miran: ya, al Cid. Deje'moslas. 

{Hace cpie se va.} 

Jimena. Se va. Allí está el corazón. 

{Se dirige al ex-voto y corazón colocados á la izquierda 
del espectador. Rodrigo lo ve, y se detiene?) 

Le besaría de buena 
gana. 
Cid. {Aparte.} Al corazón se va 

que puse. El pecho me tiembla. 
Salgamos de dudas. 

(Vuelve y toma el corazón de la derecha, como quien lo 
examina , atendiendo entre tanto á los movimientos de Ji- 
mena y que observa también los de Rodrigo.} 

Jimena. Vuelve. 

Ha cogido la cadena 

Desengañémonos. 

{.Ase también la cadena del corazón de la izquierda.} 

Cid. Coge 



22 



Los 



LA JURA EN SANTA GADEA. 

! 



mi ex- voto, j Cielos 



?Le besa! 



(Cada uno besa el corazón que tiene asido , y acabando 
de conocerse por esta demostración f corren ambos ci encon- 
trarse con los brazos abiertos.} 

Jimena. ¡Defensor mió! 

Cío. ¡Ángel mió! (Se abrazan.} 

Por fin Rodrigo te encuentra. 
Jimena. ¿Rodrigo mi bien se llama? 
Cid. Sí, mi sol: ¿y tú? 

Jimena. Jimena. 

Nuña. Estaremos á la vista 

para que no los sorprendan. (Retirase al fondo?) 
Cid. ¿Cómo es que sin darme parte 

huíste ? 
Jimena. Fue de improviso, 

no pude mandar aviso. 
Cid. ¿Q ue te has hecho? 

Jimena. No se': amarte. 

Cid. ¿Y dónde....? 

Jimena. A Oviedo volví, 

y allí tuve mi mansión, 

y un mes al fin en León. 

(Pausa, durante la cual Rodrigo contempla absorto á 
Jimena.} 

¿Que' miras? 
Cid. Me miro en tí. 

No sabes tú lo que goza 
mi corazón este día. 
Yive Dios, Jimena mia, 
que estás arrogante moza. 
Me embeleso como un niño 
cuando á mis ojos te ofreces 
en hermosura con creces, 
y sin mengua en el cariño. 
¿Cómo,, ídolo encantador, 
cómo es que hoy aquí te tengo? 
Ha muerto mi madre, y vengo 



Jimena. 
Cid. 



á Burgos con mi tutor. 
¿Tu madre te guardaria 



ACTO I. 

como antes, bien encerrada? 
Jimena. Conviene así á niña honrada. 
Cid. Y á mi amor le convenia, 

que andaba expuesto á reveses 
si de la luz porque existo 
los rayos hubieran visto 
asturianos y leoneses. 
Jimena. ¿Temiste en mí veleidad? 

Me ofendiste, me agraviaste. 
Cid. ¡Y que'! ¿tú no sospechaste 

nunca de mí? La verdad. 
Jimena. Dicta el amor en su escuela 
con desigual enseñanza, 
al hombre la confianza 
y á la muger la cautela. 
Por eso, aunque amante lino 
yo á mi defensor creia , 
cada año aquí dirigía 
un devoto peregrino, 
que era de amor emisario 
sin que el se lo imaginara, 
mandándole que mirara 
cuidadoso el santuario: 
y yo haciendo la deshecha 
decia al volver el tal : 
«¿que' hay en aquel soportal 
entrando á mano derecha?» 
Y era mi júbilo inmenso 
al responderme el bendito: 
«allí hay un corazoncito 
de una cadena suspenso. » 
I Ahí nunca respuesta igual 
oí sin dar er¿ tributo 
los brazos, por sustituto, 
al cazador del breñal. 
Cid. Cobremos. (Abraza á Jimena.} 

Jimena. (Con amorosa dignidad.') Basta : ¿que hacéis ? 
Cid. Desquitarme, pese á mí: 

un abrazo recibí; 
estoy atrasado en seis. 
Jimena. Deja esa loca porfía, 

que ya mi tutor vendrá. 



24 LA -JURA EN SANTA GADEA. 

Cid. Preciso es que salga ya 

mi hermosa de tutoría. 
Jim en a. Tú veras cómo ha de ser. 
Cid. Ello se lo está diciendo. 

¿Cómo ha de ser sino siendo 
los dos marido y muger? 
Tiempo es de que un si nos una, 
si me amas. 
Jimena. No me desdigo: 

ó de Dios, ó de Rodrigo. 
Cid. Y yo tuyo ó de ninguna. 

Está jurado. 
Jimena. Jurado 

por nuestra madre. 
Cid. Por ella. 

Jimena. Por la honra de una doncella. 
Cid. Por el honor de un soldado. 

Jimena. Si hay algún inconveniente 

Cid. Yo de vencerlos me pico. 

Jimena. Tengo un patrimonio rico. 

Cid. Y yo un estado decente. 

Jimena. Una provincia mi padre 
á sus órdenes mantuvo. 
Cid. También el gobierno tuvo 

de otra el padre de mi madre. 
Jimena. Entre mis mayores brilla 

un monarca de León. 
Cid. Tronco de mi estirpe son 

los dos jueces de Castilla. 
Jimena. Bien: de esa manera salvo 

mi elección : nada me inquieta : 

si de un monarca soy nieta 

Cid. Yo desciendo de Lain Calvo. 

Jimena. Pero si de tan lucidas 

casas los dos procedemos, 

debemos ambos 

Cid. Debemos 

ser personas conocidas. 
Jimena. Yo sí, en las cortes de España 

donde la cruz se venera. 
Cid. Yo dentro de ellas y fuera, 

en la corte y en campaña. 



JlMENA. 

Cid. 

JlMENA. 

Cid. 

JlMENA. 

Cid. 

JlMENA. 



Cid. 

JlMENA. 

Cid. 

JlMENA. 

Cid. 

JlMENA. 

Cid. 

JlMENA. 

Cid. 



ACTO I. 

En fin, para no cansar 

Por no pecar de inmodesto 

Soy prima de Alfonso Sesto. 
Soy Rodrigo de Vivar. 
¡Cielos! ¡el gran adalid 
que al moro de espanto llena! 
¿Que' menos para Jimena? 
¿Es posible? ¡Mió el Cid! 
Ese título de honor 
que al Rey moro le debiste 
que en Zaragoza venciste , 
y significa Señor , 
yo antes dártele debí 
al rendirte el señorío 
de mi gusto y albedrío, 
que fue desde que te vi. 
Pero un temor me despierta 
de mi éxtasis halagüeño. 
Alfonso ¿no tiene empeño 
en casarte con Alberta? 
Aunque nada me escribió, 
parece que lo ha pensado. 
Pues á mí con un privado 
suyo, que no me nombro, 
me ha dicho que este' dispuesta 
para enlazarme. 

¿A eso aspira? 
De eso trata : con que mira 
si previenes mi respuesta. 
Y ¿cuándo piensa llegar 
á Burgos Alfonso? 

¿Cuándo? 
Si me viene acompañando. 
Te lo anuncie'. 

¡No mandar 
un pliego! ¿Cuál su intención 
será? 

¿Cuál? No es muy oscura. 
No hacer al reino la jura, 
y tomar la posesión. 
[Faltar á lo establecido 



25 



por el voto general 



2G LA JURA EN SANTA GADEA. 

de Castilla la leal! 

¡Oh! yo veré' si lo impido. 

A Dios: voy á disponer 

Jimena. Oye. 
Cid. No. 

Jimena. Es un disfavor 

Cid. Entre el deber y el amor, 

lo primero es el deber. (Vasc.*) 
Jimena. ¡Rodrigo! 

Nuña. (Viniendo desde el fondo. ) El Rey. 
Jimena. Va á notar 

lo turbada que me encuentro. 
Nuña. Id á la capilla, id. 

Jimena. Entro, 

mi agitación á calmar. (Vase.^) 



ESCENA VI. 

El REY.— NUÑA. 

Rey. (Aparte al salir. El es quien sale de aquí. 
¡Y mi prima que se empeña 





en venir sola , tomando 




á todos la delantera!) 




Nuña. 


Nuña. 


Señor. 


Rey. 


Dad acá 




la mano. 


Nuña. 


( Aparte. ) ¡ Ay Jesús ! 


Rey. 


Os tiembla. 


Nuña. 


El viaje, la desazón 


Rey. 


Eso lo cura la piedra 




de esta sortija. ( Dásela. ) 


Nuña. 


Viváis 




mil años. 


Rey. 


El que se aleja 




por allí, el Cid, ¿es amante 




de mi prima? Con franqueza. 


Nuña. 


Gran señor, si os irritáis 


Rey. 


Ni pienso en ello siquiera. 



ACTO I. 



27 



NüÑA. 

Rey. 

NüÑA. 



Rey. 

NüÑA. 

Rey. 

NüÑA. 



¿Se quieren? 



Sí , señor. 



Mucho? 



El dejaria por ella , 

según presumo, aunque fuese 

á una emperatriz de Persia. 

¿Há mucho tiempo que se aman? 

Mas ya de media docena 

de años. 

Bien: id con mi prima 
á rezar, y que no sepa 
nada de esto. 

Hare'lo así. 
{Aparte.') El diamante echa centellas. (Vase.' s ) 



ESCENA VIL 



GONZALO.— El REY. 



Rey. 


Gonzalo, ¿van ya llegando 




las tropas ? 


Gonzalo. 


Las descubiertas 




de á caballo ya se ven 




por algunas eminencias; 




los peones, es forzoso 




que disten algunas leguas. 


Rey. 


Ya Alberta habrá recibido 




mi aviso : tengo impaciencia 




de ver que resulta. 


Gonzalo. 


Yo, 




señor, no me detuviera; 




yo marchara á la ciudad 




y gritara : « abrid las puertas 




al Rey de Castilla.» 


Rey. 


Tiempo 




para decirlo me queda. 


Gonzalo. 


Yo no escribiera tampoco 




una carta como aquella 




para el Cid. 


Rey. 


Ya no la envió: 




ya pienso de otra manera. 



28 LA JURA EN SANTA GADEA. 

Desisto de pretender 
que la mano le conceda 
mi cuñada ; mas con todo , 
causa hubo para esa oferta. 
Poniendo al Cid de mi parte, 
lo estaba Castilla entera. 

Gonzalo. Ensalzar tanto á un vasallo 

Rey. Es vasallo que se hombrea 

con los reyes. 

Gonzalo. Os venció, 

os hizo preso en la iglesia 
de Carrion. 

Rey. Si el en mi ejercito 

peleara , yo venciera. 

Gonzalo. Caudillos tiene León 

que por el Cid no se truecan. 

Rey. Tú le quieres mal , Gonzalo. 

Gonzalo. Confie'solo sin violencia. 

Su indocilidad me ofende, 
me irrito de su soberbia , 
y de que su fama casi 

la deba solo á su estrella 

fatal para vos. Por el 
Sancho os usurpó la herencia : 
su mano os hundió en el claustro, 
su mano os vistió de gerga , 
su mano osó ? cercenar 
vuestra ungida cabellera , 
y de su mano cruel 
huíamos ¡oh vergüenza ! 
cuando fuimos á Toledo 
pidiendo amparo y defensa 
á un Rey moro , un enemigo 
de nuestra fe verdadera. 

Rey. Pues esa mano algo vale. 

Gonzalo. ¿Sabéis que a justando cuentas, 
de la lealtad de Rodrigo 
cabe concebir sospechas? (6) 

Rey. ¿De su lealtad á mi hermano? 

Gonzalo. Precisamente. 

Rey. Tú sueñas. 

Gonzalo. Cuando Sancho muerto fue, 



ACTO I. 

¿quien le halló? ¿quien dio la nueva ? 

Rodrigo solo, que acusa 

á un nombre á quien nadie encuentra 

desde ese instante , Rodrigo 

solo, que dejó que huvera. 

Cuando oigo decir á todos 

que sin razón ó tenie'ndola 

desterró al Cid vuestro hermano 

poco antes de esa ocurrencia, 

y aunque le llamó después, 

no se dio por satisfecha 

la altanería del Cid, 

confieso á vuestra grandeza 

que dudo que la traición 

solo de Vellido sea. 

Puedo equivocarme, se' 

que la enemistad es ciega 

para juzgar, y al Cid yo 

se la tengo manifiesta : 

no me hagáis caso. 
Rey. Sí, sí: 

tratemos de otra materia ; 

se envilece el corazón 

cuando se habla de vilezas. 

Recue'rdame algún vasallo 

que aun este' sin recompensa , 

para dársela. 
Gonzalo. ¿ Queréis 

hacer la dicha completa 

de un hombre? 
Rey. Habla. 

Gonzalo. Ved si ya 

es tiempo de que yo obtenga 

la mano que me ofrecisteis 
de vuestra prima Jimena. 
Rey. (Aparte. ¡En que día va....!) ¿Es tu amor 

Gonzalo. Las delicadezas 

de galán no cuadran bien 
con mi condición austera. 
Mi estado pide una esposa, 
y por vos he de obtenerla : 



29 



LA JURA EN SANTA GADEA. 



Rey. 



Gonzalo. 
Rey. 

Gonzalo. 



vos me propusisteis una 
como de la mano vuestra: 
en mí encontrará un cariño 
fiel y libre de flaqueza : 
el apasionado amor 
mi lealtad os lo reserva 

á vos y al trono, y es tanto 

Sí, como el odio que alberga 
contra el Cid. — Pues bien, será 
tuya, como ella consienta. 

Señor 

¿Qué estrépito es ese? 
Música festiva suena. 



ESCENA VIH. 

JIMENA. NUÑA.— Dichos. 



JlMENA. 



Rey. 



La Reina viene, señor, 
con el clero y la nobleza 
de Burgos á recibiros: 
los be visto por la reja 
de la capilla. 



j Hola ! ¿ estabais 



rezando asomada en ella? 

Jimena. Si os desagradé 

Rey. {A Gonzalo?) Los otros 

once de escolta que vengan. {Vase Gonzalo!) 

Vos á mi lado. El instante 

de vuestras bodas se acerca : 

os diré con quién al tiempo 

de exigir vuestra obediencia. 



ESCENA IX. 

La REINA.— ALVAR FAÑEZ. Caballeros castellanos: cle- 
ro, nobles y pueblo húrgales.— El JlEY. JIMENA. GON- 
ZALO, y otros once caballeros leoneses. 

Reina. Rey Don Alfonso Fernandez , 
aunque fue poco veloz 



ACTO I. 51 

el mensagero que á Burgos 
vuestra venida anunció, 
diligente á recibiros 
corren juntos á mi voz 
el clero, nobleza y plebe 
de su vasta población. 
Interprete de su afecto 
me nombran para con vos: 
recibid su bien venida, 
Rey x\lfonso de León. 
Rey. Reino en Galicia también. 

Alvar y castellanos. ¡En Galicia! 
Reina. Así leyó 

mi secretario en el pliego; 
mas túvelo por error. 
Rey. No: mi hermano Don García 

perdió el juicio en la prisión 
donde le encerró Don Sancho 
después que le destronó. 
Libre como yo García, 
muerto nuestro vencedor, 
recobrar el cetro quiso; 
pero el bien de la nación 
otra mas segura diestra 
para aquel cetro pidió ; 
y ejercito numeroso 
marchando tras mi pendón, 
con la rapidez del rayo 
la Galicia recorrió, 
abatiendo á los que hicieron 
la resistencia menor. 
Celebrada brevemente 
allí mi coronación, 
con igual velocidad 
traigo mi ejercito en pos, 
y ante Burgos me presento 
de esta nueva portador. 
Alvar y castellanos. ¡Viene con tropas! 
Reina. Dejando 

para mejor ocasión 
el daros el parabién 
debido á un conquistador, 



32 LA JURA EN SANTA GADEA. 

haced memoria del pliego 
que Castilla os envió 
cuando me privó de esposo 
la mano de la traición. 
Rey. Sí, para que yo entre á ser 

de mi hermano sucesor, 
quieren las Cortes que jure 
que de ese crimen atroz, 
en mi ausencia cometido, 
no he sido cómplice yo. 
Veinte mil soldados traigo ? 
veinte mil testigos son 
que unánimes en su voto 
deponen en mi favor. 
¿Hace falta ya con eso 
tomarme declaración? 
Reina. La decisión de las Cortes....* 
Rey. Pura lealtad la dictó; 

mas ya con hacerla cumple 
el nacional pundonor. 
Burgaleses, castellanos, 
entre quienes viendo estoy 
hombres que me han conocido 
niño, joven y varón, 
¿hay entre vosotros uno 
que de sí para con Dios 
imagine que es Alfonso 
de su hermano matador? 
Algunos castellanos. No, no. 
Rey. Pues entonces vamos 

á Burgos. 
Gonzalo. (Con voz fuerte.') A Burgos. 
Una voz dentro. No. 

Alfonso. ¿Quien se opone? 
Alvar y castellanos. El Cid, el Cid. 

(Anunciándote?) 

Jimena. (Aparte?) ¡Dios miol 

Gonzalo. ¡El Cid! ¡Oh furor! 



ACTO L 33 

ESCENA X. 

El CID.— Dichos. 

Cid. No mas aquí ya, no mas: 

no hay que perder un instante. 

Borgaleses, adelante, 

Rey Alfonso, atrás, atrás. 
Rey. ¿Q lie y° m i camino tuerza? 

Las leyes venir me han hecho. 
Cid. Y si tenéis el derecho, 

¿por que' os valéis de la fuerza? 

¿Que' busca esa muchedumbre 

de caballeros que asoma 

ya por el pie de una loma., 

ya en las quiebras de una cumbre ? 

¿Cómo es que desde la raya, 

según informa un huido, 

han preso y han impedido 

que avise cada atalaya? 

Quien de una hueste se auxilia, 

y armado embiste la puerta 

que el pueblo le tiene abierta 

como al padre su familia ; 

quien miedo quiere inspirar, 

puede infundirlo tan grande, 

que nunca en el reino mande 

que pretende intimidar 5 

pues el menos previsor 

dirá, esas lanzas mirando, 

que el que viene atropellando, 

saldrá monarca opresor. 

Todo á Castilla le avisa 

que hacerle daño se piensa , 

y en tal caso la defensa 

es natural, es precisa. 

Nobles, pueblo húrgales, 

á las armas acudid: 

si no quiere Alfonso lid, 



34 LA JURA EN SANTA GADEA. 

ya nos lo dirá después. 
Altar y muchos castellanos. A las armas. 
Gonzalo. (Aparte?) Yo me abraso. 

Jimena. Señor (Al Rey?) 

Reina. Que nadie hostilice 

Rey. Lo que el buen Rodrigo dice , 

suena bien; mas no hace al caso. 

De Sancho espero mañana 

la corona recibir, 

y traigo tropas que unir 

á la tropa castellana, 

y á una y otra sin rencilla , 

obedeciéndome ya, 

Rodrigo las guiará 

contra el moro de Sevilla. 

Si á los vigías prendí 

que pudieran anunciarme, 

eso fue por escusarme 

lo qne está pasando aquí. 

A mí el esperar me enfada, 

y hubiera sido imprudencia 

pediros una licencia 

que tal vez fuese negada. 

Pero si á Castilla dan 

mis tropas tan grave susto, 

tranquilizarla es muy justo: 

á Burgos no pasarán. 
Algunos castellanos. Bien, bien. 
Rey. Y si os ponen grima 

esos doce que me traje 

hasta aquí, dadme hospedaje 

á mí solo y á mi prima. 

Reina. Señor 

Rey. En cuanto al asunto 

de la jura reclamada, 

no es cuestión acomodada 

para hablarse en este punto. 

Con mas oportunidad 

tratarse en palacio puede. 

Cm. Como en trato no se quede 

Rey. Vos ya la solemnidad, 

si os place, arreglar podéis. 



ACTO I. 



35 



Cid. 

Gonzalo. 

Rey. 



rOh! 



Señor 

De camino 
yo dar otra determino 
que os ruego que presenciéis. 
Rey Don Alfonso, mandad. 
Mi prima, que sin injurias, 
lleva en León y en Asturias 

la palma de la beldad 

¡Ah! 

Jimena, á quien regalo 
dos villas y una dehesa , 
va á hacer solemne promesa 
de vida y alma á Gonzalo. 
Jimena. (Aparte.*) [Cielos! 



Cid. 
Rey. 



Jimena 
Rey. 



Gonzalo. 

Cid. 

Alvar. 

Cid. 

Rey. 



Ahí 



Oh felicidad! 



Casáis á esta hermosura? 



¿Cuándo? 

Después de la jura. 
Marchemos á la ciudad. 



FIN DEL ACTO PRIMERO. 



ACTO SEGUNDO. 



Salón del alcázar de Burgos 



ESCENA I, 



JIMENA. ALVAR FAÑEZ. 



Alvar. ¡Ah Jimena! 

Jimena. jAy Alvar Fañez! 

Alvar. ¿Fue por ventura ilusión 

la nueva que en mis oídos 
hace poco resonó? 
¿Os casáis? 

Jimena. Casarme quiere 

nuestro Rey y mi tutor. 

Alvar. ¿Amáis á Gonzalo Ansurez? 

Jimena. ¿Me hacéis tal pregunta vos, 
el único cnballero 
con quien Jimena trabo 
pláticas alguna vez 
en la corte de León? 

Alvar. Cierto es que á Gonzalo nunca 
vuestra boca le nombró. 

Jimena. Nunca. 

Alvar. |Ay! aquellos instantes 

de honesta conversación 
jamás de la mente mía 
ningún placer los borró, 
Con grata curiosidad, 
con gracejo encantador 
me preguntabais noticias...,. 



38 LA JURA EN SANTA GADEA. 

Jimena. De la ciudad en que estoy, 

de Burgos. 
Alvar. Tal vez pedísteis 

que os hiciese relación 
de que' amigos me trataban 
con intimidad mayor, 
y de quie'n entre ellos era 
mas galán, ó mas hombron, 
mas diestro en lanza y espada, 
mas certero tirador. 

Jimena. ¡Ahí sí. 

Alvar. Y yo siempre al informe 

daba fin con un sermón 
de honras á mi primo el Cid , 
que la vida me salvó. 

Jimena. Por cierto que me dijisteis 
que no era gran cazador. 

Alvar. El caudillo castellano, 

el que en buen hora nació, 

según su pueblo le llama 

en una y otra canción, 

¿ha de abatirse á emplear 

sus armas y su valor 

en tímidas bestezuelas 

que mata un perro, un hurón? 

Jimena. Perseguir al jabalí 
y al oso 

Alvar. Es un deshonor 

para el Cid: es general, 
no es montero; y voto al sol, 
que bestia por bestia, moro 
hay mas fiero que un león. 
Serán tan pocas las veces 

que el Cid la ballesta armó 

Bien que si la coge un dia, 
tirará como el mejor, 
porque en armas es maestro 
nato por gracia de Dios. 

Jimena. ¡Oh! lo creo. 

Alvar. ¿C° n f l ue a * ni1 

os venís á la razón? 
Me alegro: le hacíais ante» 



JlMENA. 

Alvar. 

Jl.MENA. 

Alvar. 

JlMENA. 

Alvar. 



JlMENA. 

Alvar. 

JlMENA. 

Alvar. 



JlMENA. 

Alvar. 

JlMENA. 

Alvar. 

JlMENA. 



ACTO II. 

al Cid muy poco favor. 

Como no le conocía 

Ya le conocisteis hoy. 
En la ermita. 

Allí al venir 
le halle con la Reina yo. 
?Con la Reina? 

¿51 por cierto. 
El es muy merecedor 
de la honra de acompañarla. 
I Y estaban solos los dos? 
¿Solos? Casi. 

Y bien, ¿que' objeto 
es el que á verme os guió? 

Por el siglo de mi padre 

Perdonad mi distracción: 
todo lo olvido si alguno 
me nombra á mi salvador, 
ilustre Jimena Díaz, 
un hombre de decisión, 
un hombre que en vos adora 
desde el momento que os vió ? 
toma á su cuenta libraros 
de esa mal trazada unión. 

Pero decid 

Gente llega. 

Pero decidme si sois 

Soy quien sabe de un revés 
quitarse un competidor. {Vasc^ 
{Otro empeño mas! Sin duda 
nada el Cid le confio. 



39 



ESCENA II. 

El REY. La REINA.— JIMENA. 



Rey. Todos lo dicen. 

(A la Reina 7 con quien sale conversando.) 

Reina. Padecen 

todos equivocación. 



iO LA JURA EN SANTA GADEA. 

Rey. Jimena misma habrá oído 

Reina. Dejad eso. 

Jimena. ¿Q ue ' es > señor? 

Rey. (Aparte. Demos arranque á sus celos 
para avivar su pasión.) 
¿No ha llegado á vos, Jimena, 
ese público rumor 
de que la Reina y el Cid 
se tienen inclinación? 

Jimena. A mí Perdonad No debo.... 

(Aparte?) jQue' sospecha tan atroz! 

Reina. En presencia de una joven 
es ofender su pudor 
de estas materias hablar. 

Rey. Una joven á quien doy 

esposo de hoy á mañana 

Jimena. j Tan pronto ! 

Reina. Esa esclamacion 

involuntaria , esos ojos 
que abate al suelo el dolor, 
son objetos que merecen 
ocupar vuestra atención 
mas que la voz que me achaca 
un desatinado amor, 
que (sabedlo) no es posible. 
¿No es posible? ¿Por que' no? 



Rey. 
Reina. 



Preguntádselo á Jimena , 

que ella sabe la razón. (Vascí) 



ESCENA III. 



El REY. JIMENA. 



Re 



Jimena. 
Rey. 



¿Que es es lo? ¿que' significa 
el encendido arrebol 
que en vuestra inclinada frente 
escribe una acusación? 
Hablad, hablad. 

No me atrevo. 
¿Soy un tirano feroz? 
Confiad en vuestro primo, 



ACTO II. 



41 



y no temáis su rigor. 
Jimena. No me entreguéis á Gonzalo, 

si me tenéis compasión. 
Rey. ¿Luego Alberta en lo que Jijo 

de vuestra boda, acertó? — 

Bien. Y en orden á la suya 

¿cuál fuera vuestra opinión? 

Jimena. Yo ¿como queréis....? 

Rey. Decidla. 

Jimena. Por mi voto 

Rey. Sin temor. 

Jimena. Dejadla que salga viuda 

del territorio español. 
Rey. ¿Y si la acompaña el Cid? 

Jimena. Ponedle por condición 

que á Burgos vuelva soltero, 

ó no le deis (y es mejor) 

permiso para alejarse 

de donde estemos los dos. 
Rey. Si esas gracias os otorgo, 

¿cuál será mi galardón? 
Jimena. Pedid mi vida. 
Rey. Guardadla 

para nacer un servidor 

leal y un feliz esposo 

de 

Jimena. ¿De quien? 

(Aparece por una puerta el Cid.') 

Rey. Ved quien entró. 

Jimena. j Rodrigo! 

Rey. (Bajo á Jimena. Voy de Gonzalo 
á obtener su sumisión 
á vuestro gusto.) Esperadme , 



Jimena. 



Rodrigo. 



Olí mi bienhechor ! 



(Besa Jimena la mano al Rey , y vase es(e!) 



i2 



LA JURA EN SANTA GADEA. 



ESCENA IV 



El CID.— JIMENA. 



Cid. ¿Se va el Rey porque entro aquí? 

Jimena. No : motivo se le ofrece 

mas grave: vos sí, parece 

que andáis huyendo de mí. 

Da mucho la Real amiga 

que hacer á su consejero. 
Cid. Yo solo á Jimena quiero, 

y basta que yo lo diga. 
Jimena. Cuando á los pocos instantes 

de la jura se pensaba 

casarme 

Cid. Antes importaba 

lo de la jura, siendo antes. 
Jimena. Yo á cualquier otra atención 

te prefiero. 
Cid. De ese modo 

se estima al Cid, porque á todo 

prefiere su obligación ; 

y este Jimena segura 

de que es tan bella virtud 

en hombre la rectitud 

como en muger la ternura. 
Jimena. ¿Qué nas hecho, pues? ¿que' cuidados 

reclamaban tus oficios? 
Cid. Mirar por mis compatricios 

que son unos apocados, 

cuyo entusiasmo no enciende 

la pió general del reino. 

¡Voto á las barbas que peino, 

que Alfonso es Rey que lo entiende! 

Pidiendo hospitalidad 

aquí se entró: bien sabia 

que' efecto en Burgos haría 

su imponente magestad. 

Cien veces á mi ira pábulo 

dio el concilio hoy reunido, 



ACTO II. 4o 



que casi me lia parecido 
miserable conciliábulo. 
La jura con vehemencia 
recuerdo allí , y en conjunto 
responden los mas: «al punto 

júrese al Rey obediencia. 

— Oid la voz varonil 
del honor : — y grita un necio : 
camarada , habla mas recio 
la voz de los veinte mil.» 
Hay gentes muy peregrinas 
que tienen vueltas bellacas: 
en un consejo ¡que' urracas! 
en un lance ¡que' gallinas! 
«¿Que consistorio tan vario 
es este ? » grite' yo adusto. 
«¿Cómo lo que ayer fue justo, 
no ha de ser hoy necesario? 
Jure el Rey antes que herede. 
¿Xo hizo Castilla esta ley? 
Cumplan el reino y el Rey 
lo que ha mandado quien puede. 
Si en los hijos de los godos 
no hay ya para tanto aliento, 
yo tomare' el juramento 
salvando la ley y á todos. » (7) 
El remate de la arenga 
un sí general me atrajo : 
diríanse por lo bajo : 
« allá el Cid se las avenga. » 
La junta vie'ndose indemne, 
me cede la parte amarga, 
y ella de arreglar se encarga 
la ceremonia solemne; 
con lo cual de aquel recinto 
salgo, y vengo donde estás 
tú, mi bien, que vales mas 
que un reino con tercio y quinto 
Quédense armando quisquillas 
allá en la grave cuestión 
de si el Rey en la función 
se pondrá ó no de rodillas , 



U LA JURA EN SANTA GADEA. 

y veamos si consigo 
que pues jo solo te igualo , 
no se me apropie un Gonzalo 
bien que merece un Rodrigo. 

Jimena. Suele ser la diligencia 

la madre de la ventura ; 

pero en esta coyuntura 

quien ganó fue la indolencia. 

El Rey, por cierta expresión 

que dijo Alberta en despique, 

se ha empeñado en que le esplique 

yo su significación , 

y fiada en la bondad 

que me mostraba, en efecto 

de nuestro callado afecto 

le declare' la verdad; 

y en el punto que lo digo, 

está sin mas intervalo 

intimándole á Gonzalo 

que me renuncie en Rodrigo. 

Cid. f Cielos! 

Jimena. Vea el Cid si estima 

tanto el juramento que haga 
el primo, y tanto le halaga, 
como el que le hará la prima. 

Cid. ¿Quien tanta dicha resiste? 

¿Con que cesó nuestro afán? 
¡Oh! no ha mentido el refrán: 
al que obra bien , Dios le asiste. 
Apenas evito al gremio 
del clero y de la nobleza 
cometer una bajeza , 
cuando ya recibo el premio. 
¡Y sin abrir yo la boca! 
Es cuanto hay que desear, 
porque ello me iba á costar 
mi repugnancia , y no poca. 

Jimena. ¿Cómo? 

Cid. ¿No es acción villana 

proponerle á un hombre honrado 

que falte á lo que ha tratado 

porque yo quiero á fulana? 



ACTO II. 

Mas si él con toda advertencia 
rompe el empeño primero 
porque hay daño de tercero , 
ó porque puede en conciencia; 
eso es distinto, y lo sabe 
cualquier sayague's intonso. 
Pre'mieselo Dios á Alfonso, 
que en mí pagarlo no cabe, 
ni aunque sepa conquistar 
para e'l, feliz paladín, 
cuanto hay desde Albarracin 
al peñón de Gibraltar. 
[Y yo á este hombre atropelle'! 
¡Que' cosas hace un vasallo! 
Gran Rey será Alfonso. Hoy callo: 
pero en jurándole fe, 
si tengo dicha á compás 
de mis humos, por la cruz 
que á todo el reino andaluz 
se lo lleva Satanás. 



45 



ESCENA V. 
El REY.— El CID. JIMENA. 



Rey. 

Cid. 


Rodrigo 

¡Cuánto os adeuda 


JiMENA. 

Rey. 


mi pecho! 

A esos pies postrada 

Ya que no con la cuñada , 




se os casa con una deuda. 


JiMENA. 

Rey. 


¿Con que Gonzalo....? 

Tesón 




mostraba ; pero ha cedido. 


Cid. 


La pe'rdida que ha sufrido 




es de consideración. 


Rey. 


Lástima el pobre me inspira: 
yo tratare' de aplacarle. 
Me propongo yo casarle 
con mi hermana Doña Elvira. 


JiMENA. 


¡Oh mi Rey! 


Rey. 


Y al fin, ¿que habéis 



46 LA JURA EN SANTA GADEA. 

resuelto en junta? 

Cid. El concejo 

andaba un poco perplejo; 
mas ya insiste en que juréis. 

Rey. ¿Quereisme el por que decir? 

Cid. Es tal, que no se contrasta. 

¿No está mandado? Pues basta. 

Jimena. ¿Y no se puede abolir? 

Cid. Para que observarse deba , 

hay motivo preferente. 

Rey. ¿Cuál? 

Cid. Es un reino naciente 

Castilla : dos Reyes lleva. 
Al segundo que nos manda , 
¡buen principio de corona! 
nos lo mata una persona 
que nadie sabe dónde anda, 
y que según e'l previno 
la acción bárbara y sañuda, 
no puede ponerse eu duda 
que fue un infame asesino. 

Rey. Un regicida. 

Cid. Cabal 

no; con tal borrón no mancho 
al matador, pues Don Sancho 
no era su Rey natural. (8) 
Y aquí que nadie lo escucha, 
si Vellido me hace cara, 
confesemos que quedara 
su nombre con gloria y mucha. 
El á su patria salvó, 
si se oye á los zamoranos. 
Mas gritan los castellanos: 
«¿y si alguien se lo mandó?» 
¿No debemos enseñar 
al mundo con un ejemplo 
que el regio palacio es templo 
que al crimen se ha de cerrar? 
Vos á quien la ley invita 
para ceñir la diadema, 
¿podréis culpar que se tema 
que el delito se repita? 



ACTO II. 47 

¿Cómo no tembláis que infiel 

algún pariente Real 

un dia pague un puñal 

y os quite vida y dosel? 

A eso se dará ocasión 

si en muriendo un Rey aquí, 

reina el que le sigue así 

sin mas cuenta ni razón. 

Poco, señor, os pedimos, 

y algo merece el mandarnos; 

y en algo hemos de mostrarnos 

subditos de quien lo fuimos. 

Que Alfonso los labios abra 

le es al reino suficiente; 

pues aquí no solamente 

se da íe á la Real palabra, 

sino que se lia de acatar 

cual voz incontrovertible 

de Dios, en quien no es posible 

ni engañarse ni engañar. — 

Esto lo digo en presencia 

de vuestra prima, esperando 

que ella con acento blando, 

con femenil elocuencia, 

hará la razón valer 

que por mostrarla desnuda, 

tal vez en mi boca ruda 

no consigue convencer, 

y logrará de contado 

que en numerosa asamblea 

mañana en Santa Gadea (9) 

juréis para ser jurado. 

Rey. Hablo el patricio: oiga pues 

defender sus regalías 
á un Rey de dos monarquías, 
próximo á serlo de tres. 
Los Soberanos, por mas 
que traigan el mundo en peso, 
son hombres de carne y hueso 
lo mismo que los demás. 
El respeto que inspiramos, 
es tan solo el escabel 



48 LA JURA EN SANTA GADEA. 

que nos eleva ; por el 

á los pueblos gobernamos, 

y es nuestra ley mas sagrada 

que nunca el respeto cese: 

al que se le pierden, ese 

ni es Rey, ni es hombre, ni es nada. 

Decidme vos esta vez: 

¿que' respeto he de esperar 

de un pueblo que va á empezar 

por erigirse mi juez? 

¿Cómo sonará potente 

mi voz en corte ni en villa 

cuando en magnífica silla 

para regiros me siente, 

si hasta el siervo mas bozal 

recordará que me ha visto 

con la mano sobre el Cristo 

cual reo en un tribunal? 
Cid. No temáis inobediencia 

del que acción mire tan santa: 

ninguno la ley quebranta 

cuando el Rey la reverencia. 
Rey. Sabe el discreto arbitrista 

que hay cosas que entran sin ruido 

que aturda, por el oido, 

y alborotaran la vista. 

Si á solas, de Alfonso á Rui, 

mi juramento aceptáis, 

y vos después anunciáis 

á Castilla que le di; 

me conformo y no embaraza 

que por solo concurrente, 

á Castilla represente 

Jimena, que nos enlaza. 

Mas si entre parches y bronces 

queréis el acto con bulla, 

mucha gente de casulla 

y de espuela y pueblo, entonces (A Jimena.) 

de todo me desobligo, 

y por buen modo ó por malo, 

vos casareis con Gonzalo, 

aunque le pese á Rodrigo. (V'ase^) 



ACTO II. 



49 



ESCENA VL 



El CID. JIMENA. 



JlMENA. ¿Oíste? 

Cid. Oí. 

Jimena. ¡Q ue crueles 

estreñios! , 
Cid. O Lucifer 

le tienta, ó se echó á perder 
Alfonso entre los infieles. 
Jimena. ¿Es ira, es venganza vil 
por su derrota y prisión? 
Cid. ¿Pues le prendí yo en Carrion 

con engaños de alguacil? 
Jimena. [Rodrigo! 
Cid. ¡Ruin artimaña, 

débil para seducirme! 
Jimena. ¿Y que harás? 
Cid. Tenerme firme, 

firme como una montaña. 
Jimena. ¿No admites la insinuación? 
Cid. Es una superchería. 

Entonces yo cargaria 
con la infamia de la acción. 
Jimena. Eres rígido en exceso. 

Con ese medio templado 

Cid. i Eh ! no es eso lo mandado , 

y así no puede ser eso. 
Jimena. Renuncia un cargo que indigna 

contra nosotros al trono. 
Cid. Yo nunca el puesto abandono 

que la patria me designa. 
Jimena. ¿Piensas que la multitud 
aprecie valor tan nuevo? 
Cid. Obro yo así porque debo , 

y no por su gratitud. 
Jimena. Va á ser á los dos funesta 
tu ansia fatal de heroismo. 
Cid. Brillará mas por lo mismo , 



50 LA JURA EN SANTA GADEA.. 

pues vale conforme cuesta. 
Jimena. Te costará dignidades , 

persecuciones , sonrojos , 

mi amor 

Cid. i Ay luz de mis ojos i 

Jimena. Por Dios que de mí te apiades. — 

Que me robes no es creible , 

ni yo lo he de tolerar. 
Cid. ¿Cómo pudiéramos dar 

escándalo tan horrible ? 
Jimena. Pues bien, en tan dura pena , 

que lleve el amor la palma. 

Cede, Rodrigo del alma: 

no pierdas á tu Jimena. 
Cid. ¿Y mi honor, fúlgido norte 

que sigo , dios que venero ? 
Jimena. ¿Pierde su honor un guerrero 

por un melindre de corte? 

Que de ese modo ó que de este, 

con sinceridad ó* dolo, 

en público ó solo á solo 

Alfonso la jura preste, 

¿dejas de ser por quien goza 

mil triunfos tu patria? ¿aquel 

que rindió imberbe doncel 

al moro de Zaragoza ? 

¿el que nunca errando tiro, 

no bien estreno la malla , 

dio muerte en campal batalla (10) 

al Rey de Aragón Ramiro? 

¿el caudillo en cuyas manos 

tiene la España sosten? 
Cid. Yo quisiera ser también 

espejo de ciudadanos. 
Jimena. Pues para que te adelantes 

á todos en todo, pon 

límites á tu ambición 

y se' modelo de amantes. 

Si es lícito sacrificio 

el que mi ruego procura , 

pagártele con usura 

será mi constante oficio. 



ACTO II. 

Si es una flaqueza ó a a 

deje de ser la que fui, 
6 una flaqueza por mí 
á cualquiera le honrará. 

Cid. ¿Quien te resiste, quien? ¡Olí! 
¡si le da mayor encanto 
su orgullo ! Merece tanto 
Jimena — Merece un no. 

Jimena. ¡Que oigo! 

Cid. Al enojo mas fuerte, 



5i 



Jimena. 
Cid. 



Jimena. 
Cid. 



Jimena. 
Cid. 



Jimena. 



antes que mostrarme indigno 
de ti , pretiero perderte. 

Luego si Alfonso 

Esperemos 
que la constancia corone. 

La virtud respeto impone 

¿Quien sabe aun....? Confiemos. 
¿Confiar? ¿Y si persiste 
y al ara me precipita? 

( Después de una breve pausa en que hace vi- 
sibles esfuerzos para dominarse. ) 
Retirarás de la ermita 
el corazón que pusiste. 
¿Y mi mano se unirá....? 
A otro que á mí : yo lo pido. 

A mí á mí, dame al olvido. 

Yo á ti jamás. 

Bien está. 
Bien. — Tan cuerdo me aconsejas, 
tan grande, tan virtuoso 
te miro, que es vergonzoso 
dar aquí ni ayes ni quejas. 
Como no te descompones, 
(aunque estarás padeciendo) 
yo de tu valor aprendo 
á sujetar mis pasiones. 
Y eso que es duro sin duda 
ver que mi dueño presunto 

me sacrifique á un difunto 

porque lo manda su viuda. 
Una doncella vulgar, 



52 LA JURA EN SANTA GADEA. 

con motivo tan sobrado, 
aquí se hubiera dejado 
del dolor arrebatar, 
y dando con todo al traste, 
llamara te á grito herido 
engañador, fementido, 

cruel, que nunca la amaste — 

Ni en su vida amar podria 
quien ja en la niñez soldado, 
como fiera se ha criado 
con sangre y carnicería; 
y por mas que se conquiste 
renombre con sus hazañas, 
se ha formado las entrañas 
del hierro de que se viste. — 
Yo no : como tan vecina 
estoy al gran campeón, 
tengo cierta obligación 
también de ser heroina. 
Y lo soy: ved esta frente 
que del bien llamabais astro. 

De ira ni de amor ni rastro 

hay en ella y si lo hay, miente.— 

Mil triunfos y mil os dé 
ese valor que os inflama , 
ya os caséis con vuestra fama, 

.ya con la Reina que fue. 

Yo pues mi afecto se trunca 

por vos, habré' de casarme 

también para no acordarme 

de vos nunca, nunca, nunca. (Vasc.^ 



ESCENA VII. 

El CID. 

Dios que tu fe me arrebata, 
quiera cumplir tus anhelos, 
aunque esos injustos celos 
me quiten la vida , ingrata. 
[Este corazón que da 



ACTO II. 53 



latidos de que me aterro, 

este dicen que es de hierro, 

que es insensible ! ¡ ojalá ! 

Insensible, me prestaba 

el inmenso beneficio 

de librarme de un suplicio 

cuja existencia ignoraba. 

De angustia y rabia se me arde 

la frente, el alma: ¡oh] no siente 

martirio igual un valiente 

cuando le rinde un cobarde. 

¡Daba ye fin tan diverso 

á mi amor! Se ata mi lengua. 

Paredes que veis mi mengua , 

calládsela al universo. 

No se sepa que fingí 

valor ante una beldad , 

y luego en la soledad 

mis ojos ¿Quien anda ahí? 

ESCENA VIH. 

La REINA.-£7 CID. 

Reina. Rodrigo, ¡cuánto me alegro 

de hallaros aquí y á solas ! 

Rodrigo, ved que Jimena...., 
Cid. ¿Es ya de Gonzalo esposa? 

Reina. No la condenéis á serlo. 

La infeliz se aflige, llora 

El Rey no cede: cedamos 

nosotros. 
Cid. ¡ Que' eso proponga 

la viuda del Rey ! 
Reixa. Mi ejemplo 

serviros puede de norma. 

Yo antes la jura exigí; 

yo de ella desisto ahora : 

no se ofenderá por eso 

de Sancho la augusta sombra, 

El desde la tumba admira 



54 LA JURA EN SANTA GADEA. 

Adiestra integridad heroica; 
mas no quiere que el caudillo 
de sus huestes vencedoras 
la dicha de un puro amor 
sacrifique á su memoria. 
Ni lo habrá de consentir 
su viuda : es mas generosa. 
La víctima que reclama 
Sancho ? no sois vos 7 es otra , 
es su asesino. Alvar Fañez 
me da una nueva que importa 
averiguar. 
Cid. ¿Cuál es? 

Reina. Dice 

que entre las varias personas 
que acaban de entrar en Burgos 

con mi cuñada 

Cid. ¿ Cuál ? 

Reina. Doña 

Urraca 

Cid. Y bien 

Reina. Pues, entre ellas, 

dicen que oculto con ropas 
de disfraz viene Vellido. 
Cid. í Vellido! 

Reina. Turbas ansiosas 

de su muerte le buscaban: 
Gonzalo á su cargo toma 
también su persecución. 
Cid. ¡Gonzalo! Muy oficiosa 

es tal diligencia en el. 
Reina. Jueces he mandado y rondas 
que se anticipen y al reo 
ante mi justicia pongan. 
Ya veis que puede quizá 
declararnos tales cosas, 
que resulte innecesaria 
la dispuesta ceremonia. 

Cid. ¡Oh? sil y entonces 

Reina. Seréis 

dueño de la que os adora. 
Cid. Y á vos deben' mi dicha. 



ACTO II. 



55 



Rein, 



Cid. 



Y en ella como en la propia 

gozare, y acabarán 

las sospechas injuriosas 

de alguno, que espero al fin 

que por quien soy me conozca. 

¡Gonzalo! {Viéndole salir.) 



ESCENA ÍX. 

GONZALO.— Dichos. 



Reina. 
Gonzalo. 

Reina. 

Gonzalo. 

Reina. 

Gonzalo. 



Y Vellido? 



Ya 



pagó su acción alevosa. 
¿Quien le halló? ¿quien le mato? 
Mi brazo os vengó, señora. 
¿Cómo en lugar de prenderle....? 
Dos borgaleses de nota 



vacian delante de el 

cuando le halle' : fue mas pronta 

mi espada de lo que quise. 
Cid. Y al espirar ¿dijo....? 

Gonzalo. Pocas 

palabras. 
Reina. ¿Quienes estaban 

allí, que de ellas depongan? 
Gonzalo. Dos heridos batallando 

con las últimas congojas : 

vivo y sano solo yo. 

Reina. Vos revelareis 

Gonzalo. Si otorga 

permiso mi Rey , al punto. 
Reina. Vamos por el. 
Gonzalo. En buen hora. 

{Aparte al Cid.) Después tenemos que hablar. 
Cid. {Aparte á Gonzalo.) Sí, sin que nadie nos oiga. 

( Vansc la Reina y el Cid. ) 



56 



LA JURA EN SANTA GADEA. 



ESCENA X. 

GONZALO, y luego ALVAR FAÑEZ. 

Gonzalo. Casar con Elvira fuera 

ganar en caudal y en honra; 
pero ¡ ceder una dama....! 
Sin combate no lo logra 
un rival de mí. 



{Sale Alvar S) 



Alvar. 


Gonzalo. 


Gonzalo. 


Alvar Fañez {Aparte.') ¡Enfadosa 




visita! 


Alvar. 


Sabed que vengo 




del cuarto de vuestra novia. 


Gonzalo. 


¿De la Infanta? 


Alvar. 


De Jimena. 




Esa pregunta denota 




gran atraso de noticias 




en orden á vuestra boda. 




Mientras vos habéis corrido 




tras el Judas de Zamora , 




ha mudado de dictamen 




el Rey. 


Gonzalo. 


Mudanza dichosa 




para mi honor. 


Alvar. 


Todavía 




no hay que cantar la victoria. 




Estoy yo aquí. 


Gonzalo. 


En esto vos 




¿que sois? 


Alvar. 


Soy un rival. 


Gonzalo. 


¡Holal 


Alvar. 


Sí , y un rival que creyendo 




apariencias engañosas A 




preferido se juzgó. 


Gonzalo. 


Presunción tenéis de sobra. 


Alvar. 


¡Y ahora me dice Jimena 



ACTO II. 

que ama a mi primo! De cólera 
estallo. 

Gonzalo. ¿Contra Rodrigo? 

Alvar. Como no puedo en su contra 
respirar; como mi vida 
es suya, pues vivo á costa 
de su sangre, que por mí 
tino abundante su cota; 
de otro blanco necesito 
para mi pasión celosa. 
Vos sois el que de Jimena 
la felicidad estorba : 
yo renuncio á su cariño , 
porque no bay bombre en Europa 
digno de mirar la dama 
que el Cid para suya escoja: 
con que así, Gonzalo, ved 
si á Jimena sin demora 
olvidáis, ó yo me encargo 
de enviaros á la gloria. 

Gonzalo. ¿Vos os atrevéis conmigo? 

Alvar. Dejémonos de bambolla. 
Basta ser sangre del Cid 
para que á vos me anteponga. 

Gonzalo. Al Cid le bonro yo si mido 
mi espada con su Tizona. 

Alvar. Probadlo en mí. 

Gonzalo. Audaz mancebo, 

combatid bora por hora 
diez años basta igualar 
los triunfos que me coronan , 
y venid luego á que os mate 
quien boy por loco os perdona. 

Alvar. Como deis un paso mas 
para esa unión 

Gonzalo. Ya es forzosa. 

Vos mi tesón empeñáis. 

Alvar. Pues fácil es que se esponga 
á morir como villano 
quien buye una lid honrosa. 

Gonzalo. ¿Con que amenazáis mi vida? 

Yo haré' que el riesgo que corra 



57 



58 LA JURA EN SANTA GADEA. 

me traiga cuenta. 

Alvar. {Mirando al fondo. .) Si el Rey 

no viniese Pero en otra 

parte nos veremos. {Vasc.} 

Gonzalo. Esto 

me decide. Quien se arroja, 
sale bien : si rindo al Cid 
y evito la jura odiosa, 
mi privanza afirmo, y nadie 
me hace ya en Castilla sombra. 



ESCENA XI. 

El REY. La REINA. El CID. Caballeros castellanos. 
Caballeros leoneses. — GONZALO. 



Rey. 


De vuestra proposición (A los castellanos.} 




me entere : liare' mi consulta , 




y se os dirá la resulta. 


Gonzalo. 


¿Que es ello? 


Rey. 


Esa pretensión 


Gonzalo. 


¿De la jura? 


Cid. 


Sí. 


Reina. 


Quizá 




con lo que Gonzalo oyó 




se excuse. 


Rey. 


Dilo. 


Reina. 


Si no 


Cid. 


Si no, se liará. 


Gonzalo. 


No se liará. 




¿Quien pide la jura? — ¿Cómo? 


(Ha Xf 


un momento de silencio, durante el cual el Cid 


aguarda á 


que hablen los castellanos.} 




¿Ninguno me lia respondido? 


Cid. 


¿No sabéis que yo la pido? 




¿ No sabéis que yo la tomo? 


Gonzalo. 


i Solo vos ? j Y no sabéis 



que sobre lo irreverente 

de que á un Rey se juramente , 

vos, Rodrigo, no podéis? 



Cid. 

Gonzalo. 

Cid. 

Gonzalo. 
Cid. 
Gonzalo. 

Todos. 

Gonzalo. 

Todos. 

Cid. 

Gonzalo. 

Cid. 



Rey. 
Cid. 

Gonzalo. 
Cid. 

Gonzalo. 
Cid. 



Reina. 

Rey. 

Gonzalo. 

Cid. 

Leoneses. 
Cid. 



ACTO II. 

¿Juzgáis que la calidad 
del juramento me empacha? 
Es que tenéis una taclia 
horrenda. 

[Yo! ¿Cuál? 

Temblad. 
Mandadle que hable, señor. 
Vellido dijo al morir 

que mató al Rey por servir 

¿A quie'n? 

Al Cid Campeador. 
¡Al Cid! 

¡A mí! 

A vos. 

i Malvado! 
Por la honra de mis abuelos, 
por el Dios que está en los cielos , 
que es mentira que has forjado 
tú, solapado malsín, 
baldón de mis enemigos. 
¿Hay testigos? 

No hay testigos: 
no hay mas que su dicho ruin. 
Sostengo lo que afirme'. ' 
Cuanto digas te desmiento. 
El duelo exijo. 

Al momento, 
al momento; pero ¡que'! 
¿merece ese descreído 
que á lidiar con el me baje ? 
Ñi el, ni todo su linage, 
ni aun el reino en que ha nacido. 

I 



59 



Rodrigo ! 



11 



EINA. 



¡RuiDiaz! 

Ved 
que á un reino habéis insultado. 
Pues si el reino se ha picado, 
la palabra recoged. 
Que satisfaga. 

Salid , 
seguidme. 

No lo permito. 



60 LA JURA EN SANTA GADEA. 

Rey. Desdecios. 

Cid. Lo repito: 

no se vuelve atrás el Cid. 
Gonzalo. Mirad que no reconoce ( A la Reina. ) 

su yerro, que nada escucha. 
Cid. Sangre necesito y mucha. 

No es nada la de esos doce. 
Gonzalo. Con los doce que hay aquí, 

lidiará quien los desdora. 
Cid. Con quince lidie' en Zamora, (11) 

y á los quince los vencí. 
Rey y Reina. Paz, paz. 
Cid y Leoneses. No. 

Reina. íQ l,e ' desventura! 

Cid. Por mí no tengáis recelo. (A la Reina.*) 

Mañana á las nueve el duelo, (A Gonzalo.} 

mañana á las diez la jura. (Al Rey.^) 



FIN DEL ACTO SEGUNDO. 



ACTO TERCERO. 



Entrada á la iglesia de Santa Gadea. El tablado representa el 
ámbito de una lonja que corre delante de la iglesia. Este es- 
pacio está cerrado con verjas en el fondo : desde las verjas 
adentro se quebranta el plano, suponiéndose que de él se baja 
á otro plano inferior (que es el piso de la calle) por una ele- 
vada gradería. A la derecha del espectador la puerta del tem- 
plo, y cerca de ella un altar con una cruz y un misal. A la 
izquierda en primer término un dosel , cerrado con cortinas de 
arriba abajo : mas allá se supone que hay una puerta en el 
mnro de un edificio correspondiente ó contiguo á la iglesia, el 
cual llega hasta la verja, y tiene un caprichoso balcón en el 
mismo ángulo. Bancos y sillas á un lado y otro de la escena. 

ESCENA I. 

ALVAR FAÑEZ. ILLAN. Dos centinelas fuera de la 
verja. 

Alvar. La hora del duelo se acerca; 
{Saliendo de la iglesia?) 
todo prevenido está, 
y Rodrigo no parece 
ni en casa ni en la ciudad. 
; Salir de Burgos anoche 
sin decir adonde va , 
y no volver! ¡Vive Dios, 
que no se' que' imaginar! 
Veamos si este escudero 





me puede instruir Ulan. 


Illan. 


Señor. 


Alvar. 


¿Vino por aquí 




mi primo? 



Illan. ¿Mi amo? Sí tal. 



G2 

Alvar. 
Illan. 



LA JURA EN SANTA GADEA. 



Alvar. 
Illan. 

Alvar. 



A la madrugada. 



iracias 



á Dios! Gran nueva me das. 
Nadando estaba en sudor : 
se acababa de apear, 
según me dijo: miró 
con mucha prolijidad 
todos los preparativos 
para la función Real : 
debajo del dosel puso 
la silla : sobre el altar 
por su mano colocó 
en el atril el misal: 
me mandó que una ballesta 
sacara: fulla á buscar, 
y cuando volví no estaba , 
ni aquí ha parecido mas. 
Como vino tan cansado, 
iríase á descansar. 
¿Y adonde? 

Si no que fuese 

al cuarto de un capellán 

Pero teniendo su casa 

ahora en la vecindad, 

de modo que, aun sin ser visto, 

desde allí puede pasar 

por la iglesia aquí, seria 

raro Me voy á informar 

por sí ó por no. (Vase?) 

" e 7 



Voces 


dentro. 
Don 


¡Viva 

Alfonso ! 


el R 


Illan. 


esa 


¿A que' será 
gritería? 






ESCENA 


11. 



El REY. GONZALO.— ILLAN, que poco después se retira. 

Rey. Para 

que no suban, arrojad 

dinero á esa buena gente. 
Gonzalo. Ya os empiezan á aclamar: 



ACTO III. G5 



no dudéis que esta salida 
en público os convendrá. 

Rey. Bnen templo es Santa Gadea. 

Gonzalo. i por eso es el lugar 

elegido para un acto 

que no se celebrará. 

Este es el cerrojo en que usan 

los burgaleses jurar. 

Rey. Todo ya se halla dispuesto. 

Gonzalo. Es el Cid muy eficaz. 

También todo está corriente 
para el duelo. 

Rey. Confesad, 

confesadme si las voces 
que á Vellido le achacáis, 
no son las mismas que dijo 
en el punto de espirar. 

Gonzalo. Os ruego, por el decoro 
de la regia magestad, 
que suspendáis por ahora 
en esa demanda instar. 

Rey. Es que si verdad no fuese 

Gonzalo, la la cuestión principal 

no es la inocencia del Cid 
ó su culpabilidad; 
es un agravio cruel 
al orffullo nacional , 
agravio de que es forzoso 
vengarle, y se vengará, 
logrando vos de camino, 
lo que tanto deseáis. 
En todo vasallo vuestro 
era un deber atajar 
los desafueros del Cid: 
guerreros de temple tal 
en tiranos de los Reyes 
vie'nense al fin á trocar. 
Ya habéis visto si producen 
efecto perjudicial 
semejantes osadías 
quedando sin castigar. 
Ya visteis en vuestra casa 



G4 



Rey. 



Gonzalo. 



Rey. 

Gonzalo. 



LA JURA EN SANTA GADEA. 

erguirse una niña audaz, 

resistiendo abiertamente 

á la triple autoridad 

de monarca y de tutor 

y cabeza familiar. 

Afirmo por el recuerdo 

de nuestra cautividad 

que esa inobediencia es cosa 

que no puedo tolerar. 

Jimena, la que antes era 

la dulzura angelical 

propia , la timidez misma , 

la misma docilidad, 

¡negarse á daros la mano 

tan resuelta y contumaz! 

Por Dios que antes de dos boras 

ba de vencer y agobiar 

esa cerviz altanera 

la toca bumilde claustral. 

Debiera cual caballero 

yo de esa pena apelar; 

mas como recto ministro, 

como ofendido galán , 

por mas que me aflija , no 

la puedo desaprobar. 

Aunque ella ya se arrepienta 

de su necia terquedad, 

fuera yo, siendo su esposo, 

burla del vulgo procaz. 

Robusteced en Castilla 

vuestra débil potestad: 

yo á la obra cimientos ecbo: 

vos la debéis acabar. 

Si en ese combate, contra 

toda probabilidad, 

pudie'ramos ser vencidos 

nosotros, ¡ay de vos! ¡ay 

de la paz de vuestro reino, 

si á Rodrigo no domáis ! 

¡Ob! si el después 

Ahora mismo ; 
fuera de Burgos ¿que hará? 



acto in. m 

Esa nocturna salida , 

ese excesivo tardar 

cuando la hora de la lid 

al momento rajará, 

¿que significan? Acaso 

contra vos trata de armar 

de los pueblos convecinos 

la ruda credulidad. 

Ese dosel y la silla 

que oculta ese tafetán, 

silla que, á vos destinada 7 

Burgos la mandó labrar 

en Valencia al mas lamoso 

artífice musulmán , 

os deben con muda voz 

vuestro deber acordar. 

Si queréis poner el trono 

á cubierto de desmán , 

amarrad firme á sus gradas 

al caudillo popular. 

Señor, quien se sienta aquí 

{Alza una de las cortinas que cierran el dosel , y se ve 
al Cid durmiendo, recostado sol)re la silla del trono , cuidad) 

7 Cielos ! 
Rey. ¿No es el? 

Gonzalo. [Pese á tal! 

Rodrigo es: yace dormido. 
Rey. Mientras vos imagináis 

que conspira , ¡ está sirviendo 

á mi dosel de guardián I 
Gonzalo. Descuidado guardián hace. 
Rey. [Dormir con tranquilidad 

cuando un combate le espera ! 

Poco la lid temerá, 

poco su suerte le importa. 
Gonzalo. Poco le debe importar, 

(Reparando ahora en que la silla está cuidad) 

cuando le está un Rey mirando 
con tan rara ceguedad, 
que no advierte su actitud, 



66 


LA JURA EN SANTA GADEA 




embebecido en la faz. 




Rey Alfonso, ella os fascina, 




Rey Alfonso, reparad 




que sobre un trono volcado 




Rodrigo durmiendo está. 


Rey. 


¡Y es cierto! 


Gonzalo. 


Y esa es la silla 




que vos boy vais á ocupar. 


Rey. 


¡Por el derribada en sueños! 




¿Es profe'tica señal 




que me avisa de un peligro 




de que me debo guardar, 




6 es un acaso....? 


Gonzalo. 


En Toledo 




por un suceso casual 




como este, os vaticinaron 




que habían de coronar 




tres diademas vuestra frente. 




No fue el presagio falaz. 




Cumplióse el próspero anuncio: 




prevengamos el fatal. 


Rey. 


¡Volcado por el mi trono! 


Gonzalo. 


Señor, es fuerza velar 




por el y por vos. 


Rey. 


Sí, sí. 


Gonzalo. 


La Reina. 



ESCENA III. 



La REINA , saliendo por la izquierda. — Dichos. 



Reina. Alfonso, piedad 

os pido para Jimena. 
¿Cómo queréis principiar 
vuestro reinado en Castilla 
con esa severidad 
contra una dama , una deuda. 

Rey. Hoy basta las diez podrií, 

por despedida del mundo, 
usar de su libertad 
completamente mi prima j 






ACTO III. 

pero al tiempo de prestar 
Castilla obediencia á Alfonso, 
Jimena pronunciará 
sus votos al cielo: yo 
os prometo respetar 
el último acto de vuestra 
dominación temporal : 
respetad vos el primero 
de la mia, y perdonad. 

(Vasc , y Gonzalo con e?.) 



67 



ESCENA IV. 

JIMENA y NUÑA por la izquierda.— La REINA. 



Reina. Nada he conseguido, nada, 

Jimena. 
Jimena. Era de esperar: 

era inútil: son los hombres 

duros como el pedernal. 

De todos un no recibo: 

no saben mas que negar. 

Gonzalo mismo, que dice 

que me tiene voluntad, 

que tiene celos, Gonzalo 

hace poco fue capaz 

de ofender con otro no 

mi mugeril vanidad. 

Dilo tú, que de sonrojo {A Ñaña.') 

yo no lo podre' contar. 
Nuña. Por evitar ese duelo..... 

Jimena. Ese duelo criminal 

Reina. Horrible: peligra en e'l 

Jimena, La vida del capitán 

mas ilustre de Castilla. 
Reina. De España. 
Nuña. Pues por salvar 

esa vida, hizo Jimena 

la noble infidelidad 

de ofrecer hoy á Gonzalo 



68 



LA JURA EN SANTA GADEA. 



su pretensión aceptar. 
Jimena. Sí, y el rechazó la mia. 

El quiere sangre no mas; 

no quiere amor. 
Reina. ¿Y que' amor 

le puede Jimena dar? 
Jimena. Sí, razón tenéis: ¿yo amarle? 

Imposible: odio mortal 

es el afecto que yo 

le pudiera consagrar. 

Odio, porque hay odio siempre 

donde hay infelicidad. — 

¡Tantos anos de ilusiones 

en que' vienen á parar! 

No hay muger mas infeliz, 

ni la hubo nunca ni habrá. 
Reina. ¿Tanta experiencia de penas 

cabe en tu florida edad, 

que presumes que ningunas 

las tuyas igualarán? 

Amante amada te tienes 

del mundo que separar ; 

pero tú del monasterio 

en la fria soledad 

podrás decirte: «Rodrigo 

me amó y siempre me amará. » 

Compara tu suerte ahora 

con la de (Nuña, apartad.) (Vasc Nuña^) 

con la suerte de una triste 

cuya historia escucharás, 

porque hoy desgraciadamente 

se te puede confiar. 

A una gótica abadía 

del vasto imperio alemán 

fatigada una viajera 

para Mayo llegará, 

corona de oro en la frente, 

al cuello púrpura Real, 

palidez en el semblante, 

y en el pecho hondo pesar. 

A la puerta la corona 

y el manto se quedarán; 



ACTO III. 69 

seguiránla los pesares 
dentro del sagrado umbral. 
Y sola en la pobre celda 
que nunca ha de abandonar , 
clamará tal vez, regando 
con lágrimas el sayal: 
«jo ame sin culpa, y mi amor 
blanco de perpetuo azar, 
tuvo contra sí el desden 
y el temido ¿que' dirán? 
Mas digna acaso que yo, 
poseia una rival 
el corazón que en secreto 
yo anhelaba conquistar. 
Preciso fue el encubrirme 
con mentiroso antifaz, 
dando á la ardiente pasión 
apariencias de amistad. 
Cada estudiado discurso, 
cada medido ademan, 
cada vez que indiferente 
di al Cid mi mano á besar, 

{Jimena abatida y confusa clava los ojos en el suelo.') 

fue un esfuerzo , un sacrificio 

al decoro mundanal, 

al orgullo de la sangre 

mia, á la virtud quizá; 

no sé á qué ni á quién; sé solo 

que aquello era agonizar, 

teniendo que sonreir 

ante el autor de mi mal.» 

¡Jimena, Jimena! ¿es esto 

sufrir? ¿es esto penar? 

Estas dos mugeres frente 

á frente las dos están. 

Yo amé también á Rodrigo , 

y él no lo supo jamás. (Vase?) 



70 



LA JURA EN SANTA GADEA. 



ESCENA V. 



JIMENA,/ luego el CID. 

Jimena. ¡Le ama y el aun no lo sabe! 
Grande será su dolor; 
pero aun mi pena es mas grave , 
que en otra muger no cabe 
amor igual á mi amor. 
Sin paga continua y cierta 
menos la pasión se inflama. 
¡Rodrigo! no te ama Alberta 
como yo. 

Cid. {Dentro del pabellón.) ¿Quién me despierta? 

Jimena. ¿Qué voz oigo? 

Cid. (Saliendo.) ¿Quién me llama? 

Jimena. ¡Tú aquí! 

Cid. Me quedé dormido 

¡Ah! ¡qué sueño me has robado! — 

Pero ese nupcial vestido 

Te anuncia, Rodrigo amado-, 
que del mundo me despido. 
¡Del mundo! ¡Y yo te veia 
en sueños (¡dulce ilusión!) 
al lado de un campeón 
que tierno tu mano asía! 
Los sueños ¡ ay ! sueños son. 
Mas dile, y al paso cuenta 
por qué anoche te ausentaste 
de Burgos. 

Cid. Tú me obligaste, 
tú que de mí te apartaste 
respirando ira violenta. 
Yo acosado sin cesar 
de un pensamiento importuno, 
quise en la ermita mirar 
si estaban en su lugar 
los dos corazones ó uno. 

Jimena. Mi celoso desacuerdo 

pasó, trayéndome en pos 



Jimena. 
Cid. 

Jimena. 



ACTO III. 



71 



Cid. 
Jimena. 

Cid. 



Jimena. 



Cid. 



la promesa 

, ¡Qué recuerdo! 

«O de Rodrigo ó de Dios » : 
de e'l seré' 7 ya que te pierdo. 
¡Ah muger de pecho hidalgo! 
¡ah fiel amante sin par! 
¿Que' soy para ti? ¿que' valgo? 
Di el sueño: soñemos algo: 
tardemos en despertar. 
Cabalgaba aprisa y lleno 
de triste inquietud el seno: 
ílotaba el manto al desgaire: 
bramaba furioso el aire, 
retumbaba hórrido el trueno. 
«Vence á ese viento veloz», 
gritábale yo á Babieca, 
su hijar batiendo feroz. 
En esto doliente y hueca 
lejana se oyó una voz.— 
«De vuelta la escuchare': 
corra ahora el caballo, corra. — 
¿No hay quien por Dios me socorra, 
por la Virgen?» — Se me fue' 
de sí la mano á la gorra. 
Hacia el eco lastimoso 
dirijo al noble animal: 
un relámpago horroroso, 
me alumbra, y miro un leproso 
hundido en un tremedal. — 
«Da la mano. — No está sana: 
no la toquéis (replicó) 
sin guante. — Advertencia vana: 
quizá moriré' mañana. 
Ten y sal. Sube. » Subió. — 
« ¿Dónde habitas? — Lejos. — Guia, 
que no por eso desmayo.» 
Aquí me miró al soslayo, 
y dijo: «haces bien.» — Corría 
mi caballo como el rayo, 
y un valle de sepulturas 
hollaba su planta leve. 
Entonces las vestiduras 



72 



JlMENA. 

Cid. 



JlMENA. 

Cid. 



JlMENA. 

Cid. 



LA JURA EN SANTA GADEA. 

de aquel hombre, antes oscuras 

y hediondas, ya de la nieve 

afrentaban el albor: 

sus llagas y cicatrices 

lanzaban vivo fulgor. 

¿Es sueño lo que me dices? 

Es verdad, es un favor 

que el cielo me otorga , acaso 

para que en la lid sucumba 

sin sentir hoy el fracaso. 

¡Oh! 

« Mira , » gritaba al paso 
mi guia, «mira esa tumba. 
Alta fue; mas ya cayó, 
pues á un guerrero erigida 
de alma aleve y fementida, 
del libro se le borró* 
de la fama y de la vida. 
A un soberbio al otro lado 
esconde la espesa grama: 
por su orgullo ese soldado 
yace siglos ha borrado 
del libro de vida y fama. 
Con esa severidad 
Dios en el varón que lidia 
persigue la vanidad, 
postra la inhumanidad 
y escarmienta la perfidia. 
Huya el escollo Rodrigo 
que glorias mil sumergió ; 
si no, perderá en castigo 
fama aquí, vida conmigo.» 
Dijo y desapareció. 
¡Que' espanto! 

Y hálleme al pie 
de esta iglesia; á ella acudí: 
ore', me repuse, hable: 
bajo el dosel pretendí 
velar; dormíme y soñé'; 
y el benigno protector 
que desde el empíreo cielo 
vino á enfrenar mi valor, 



ACTO III. 

me dio un sueño de consuelo 

tras la visión de terror. 
Jimena. ¡Ah! Di, di. 
Cid. Sobre la arena 

de un mar, de naves cuajado, 

vi una ciudad sarracena r 

tinta en sangre cada almena , 

cada muro aportillado. 

Sin arma en el talabarte, 

morisca tropa bajaba 

con pena de un baluarte 

donde la cruz tremolaba...., 

;y era verde el estandarte l 
Jimena. Es el luyo. 
Cid» Con decoro 

disimulando el rubor, 

sumiso un alcaide moro 

ponia unas llaves de oro 

á los pies del vencedor. 
Jimena. ¿Quién era? 
Cid. Le descubrí 

solo de espaldas á mí; 

pero tú, bella y ufana 

cual triunfante soberana, 

tú, Jimena, ibas allí. 
Jimena. ¡Yo! 
Cid. Y á dos niñas tomaste 

de la mano y las llevaste 

al he'roe : fue'se á volver — 

Y en esto me despertaste, 

y á tí sola hube de ver. 
Jimena. ¡ Santo Dios! ¡que' confusión! 

Tremenda la aparición 

lo soñado tan risueño 

¿Será profético el sueño, 

y amenaza la visión? 

{Descubriendo el pabellón y mirando el l rano.) 

Cid. Es de Valencia la silla 

que volcó mi inadvertencia : 

¿predecirá esa ocurrencia 

que ante el pendón de Castilla 



73 



74 LA JURA EN SANTA GADEA. 

caerá el trono de Valencia? 

(Úfense voces muy á lo lejos.) 

Jimena. jAy! [cómo su engaño traza 
nuestra fantasía loca ! 
Ruido suena allá en la plaza: 
corre á vestir la coraza, 
yo iré' á probarme la toca. 

Cid. Sí: tal es la realidad, 

lo demás es desvarío. 
Basta de debilidad: 
Jimena, demos con brío 
la frente á la adversidad. 
Confieso á fe de cristiano 
que anduve ayer en el reto 
procaz, iracundo y vano; 
en reparación prometo 
ser hoy en la lid humano. 
Solo á defenderme aspiro: 
contra nadie llevo encono: 
al mismo Gonzalo miro 
de suerte, que le retiro 
mi cólera y le perdono. 
Y á f e á f e que entre el y yo, 
con todo mi frenesí , 
diferencia se advirtió: 
el cuando acusó, mintió j 
si yo insulte', no mentí; 
que aunque el provincial puntillo 
sufra un tanto de vergüenza, 
el hecho es claro y sencillo : 
{ que' culpa tiene un caudillo 
de que no haya quien le venza? — 
Tal vez todo mi esplendor 
se eclipse hoy: trance harto fiero 
sería; pero si muero, 
del mal el menos. 
Joiena. iQ uc horror! 

No: postra al calumniador, 
por cuyo labio nocivo 
la envidia ponzoña vierte : 
no salga del coso vivo, 



ACTO III. 

no: mira que te apercibo 
que desde allí voy ¿í verte. 

(Señalando al balcón?) 

Cid. ¡Tú! 

Jimena. Mucho la plaza dista ; 

mas basta ver la cimera 
de tu almete: considera 
que lidias boy á mi vista 
por vez primera y postrera. 
Si vence el opuesto bando , 
¿no be de ir al altar llorando 
de que al Cid rinda un aleve? 
Pero ¡ah! si triunfa quien debe 
triunfar, porque yo lo mando, 
en tí fija la memoria, 
pisare' el sacro dintel 
con sonrisa de victoria , 
revestida de tu gloria 
y ornada con tu laurel. 

Cid. Basta, que será mi diestra 

despiadada si me exalto. 

Jimena. Antes de ir á la palestra, 

recibe y guarda esa muestra 
del cariño á que te falto. 

(Le da el corazón de metal?) 



75 



Cid. 


|Ah! mi ex-voto penderá 




siempre allí donde reposa. 


Jimena. 


¿Siempre? 


Cid. 


Sí , ninguna ya , 




siendo tú de Dios esposa, 




de Rodrigo lo será. 


Jimena. 


No lo sepa yo si no. 


Cid. 


Antes un rayo me hienda. 


Jimena. 


A Dios. ¡Esto se acabó! 


Cid. 


A Dios, dulcísima prenda. 


Jimena. 


No me olvides nunca. 


Cid. 


No. 



(Fase.) 



76 



LA JURA EN SANTA GADEA. 



ESCENA VI 

NUÑA.— JIMENA. 



JlMENA. 



NüÑA. 
JlMENA. 



¡Dios potente de Israel, 
cuyos rigores bendigo, 
saca del trance cruel , 
sácame salvo á Rodrigo, 
y doy mi vida por el ! 
Señora , el Rey. 

¿El Rey vuelve? 
Pues ya que tengo licencia, 
veamos á su presencia 
cómo la suerte resuelve 

(Vansc?) 



de Rodrigo la sentencia 



ESCENA VII. 



El REY. La REINA. Caballeros leoneses. Caballeros cas- 
tellanos. Damas. 



Reina. 
Rey. 



Reina. 
Rey. 



No os falta acompañamiento. 
Me embargan uno, busco otro. 
Doce caballeros traje: 
los doce están en el coso: 
he tenido que avisar 
que vengan mas. 

Vienen todos: 
vuestro ejercito va entrando 



en Burgos. 



Es un antojo 
de mi hermana Dona Urraca. 
Como se armó ese alboroto 
ayer, y los que quisieron 
matar á Vellido Dolfos 
atrepellaron la estancia 
de ella y hasta su oratorio , 
está ofendida: ¿que importa 
esa entrada un rato corto 



ACTO 

antes ó después? 



TTÍ. 



77 



eina. ¡Oh! ved 

que me usurpáis ese poeo 
tiempo de gobernación: 
os creí mas generoso; 
y de ese adelanto de hora 
me he de vengar de algún modo, 



Rey. 


Yo no me resentiré': 




palabra os doy. 


Reina. 


Me conformo. 


Rey. 


¿Y vos con vuestra presencia 




no honráis el duelo tampoco? 


Reina. 


No: me horrorizan los duelos. 


Rey. 


Son al Estado costosos 




por lo común, y á no ser 




mal sonante y peligroso 




evitar este, lo hiciera 




por mi parte : me propongo 




esperar su e'xito aquí, 




á prestar mi jura pronto 




si hay quien me la tome. 


Reina. 


Burgos 




con el mas vivo alborozo 




os aclamará, entre tanto 




que si no ponéis estorbo, 




yo partiré. 


Rey. 


¿Al punto? 


Reina. 


Al punto 


Rey. 


¿Con enojo? 


Reina. 


Sin enojo. 


Rey. 


Ruido suena. 


Reina. 


Habrá empezado 




el duelo. 



JlMENA. 

Rey. 



ESCENA VIH. 

JIMENA e ILLAN al balcón.— Dichos, 



salgamos. 



Clarines oigo 



Jimena ocupa 
el mirador : por su rostro 



78 



LA JURA EN SANTA GADEA. 



sabremos lo que sucede. 
Reina. (Aparte?) ¡Dios mió! escuchad mis votos. 
Jimena. Ya se ven. 

Mi amo es aquel. 

¿Es aquel? 

Sí, reconozco 

sus ricas armas , su banda 

verde, su caballo tordo. 

Mirad, ya toman carrera. 

¡Protejelc, Dios piadoso! 

No tengáis miedo , señora : 

contrarios mas poderosos 

está enseñado á vencer 

que esos vasallos de Alfonso. 

Ya llegan, ya chocan. 

tengo que cerrar los ojos. 
Mirad su contrario en tierra. 
¡ Ay Jesús! 



Illan. 

Jimena. 
Illan. 



Jimena. 
Illan. 



Jimena. 

Illan. 

Jimena. 



(Como quien respira después de pasado un peligro?) 

Illan. Cayó redondo. 

Ya va uno: [viva el Cid! (Gritando?) 



\ viva mi señor 1 

Reina. (Aparte?) ¡Oh gozo! 

Castellanos. (En voz baja?) Castilla triunfa. 

Rey. 

con auspicios venturosos 
principia el Cid. 

Reina. El principio 

no es nada. 

Rey. (Aparte?) Estoy en un potro. 

Illan. Ya veréis que' paso llevan. 

Pues aquel No me equivoco , 

Gonzalo es aquel. 

Jimena. ¿Gonzalo? 

Sí, sí: me lo dice el odio 
con que le miro. ¡Maldiga 
Dios tu brazo, hombre azaroso 
para mí, causa primera 
de mis males! En el polvo 
hundido te quiero ver: 



Señora , 



ACTO IIT. 79 



aliento para ello cobro, 
que no hay justicia en el ciclo 
si quedas tú victorioso. 
Aprisa, Rodrigo: mas, 
mas: acaba con el monstruo. 
Firme ahora: Mere, véngame, 



. & « * u ..^..^^ & . 



¡Infeliz de mí! (Dando un grito.) 

Todos. ¿Q ue na sido? 



Jimena. Voy á morir de bocho 



°J 



rno. 



(Quitase del balcón!) 



Reina. ¿Ha sido vencido el Cid? 
Illan. Gonzalo ha triunfado. 

Leoneses. (Bajo entre sí!) Somos 

vengados los de León. 
Illan. ¡Ay Dios! le sacan en hombros. 

Todos. ¡En hombros! 

Illan. Inmóvil va: 

la gente se agolpa en torno: 

¿si habrá muerto? 
Todos. ¿Muerto? 

Reina. (Aparte!) ¡Cielos! 

valedle. 
Illan. A su lado corro. 

(Quítase del balcón!) 

Rey. Id vos. (A un leonés!) 

Reina. (A un burgalesa) Sabed lo que pasa. 

Rey. Tratadle como á mí propio. 

(Vanse los dos caballeros!) 

Reina. Castellanos, la postrera 

vez vuestra obediencia invoco. 

Castellanos. Mandadnos. 

Reina. Vencido el Cid, 

consultar era forzoso 
quien ha de tomar la jura : 
yo á tal consulta me opongo. 
Desistid de ella también. 

Castellanos. Desistimos, 

Reina. A ese solio 



m LA JURA EN SANTA GADEA. 

ascienda y empuñe el cetro 
el hermano ele mi esposo. 
Darán señal las campanas 
en toque alegre y sonoro 
de que acaba mi reinado 
y que principia el de Alfonso. 

{Hace que se ixz.) 

\tly. Honor á la Reina Alberta. 

(Acompáñanla todos?) 



ESCENA IX, 





■N'UNA.-— Dichos. 


Reina. 


¿Y Jimena? 


NlÑA. 


Ahogada en lloro 




va al monasterio y os pide 




vuestra bendición. 


Reina. 


La otorgo 




y en mis brazos se la llevo. 




Mas ¿quien sube? 



ESCENA X. 

ALVAR FANEZ, sostenido por dos caballeros. — Dkk 



Alvar. 



Reina. 

Alvar. 

Todos. 
Alvar. 

Reina. 
Alvar. 



poco , 



Poco 
señores, que el batacazo 
ha sido de tomo y lomo. (Le sientan.') 
f Vos con la banda del Cid! 
Y con sus armas y todo. 
He combatido por el. 
Por el? 

Si el muy perezoso 
llega ahora. 
(Con entusiasmo?) Nuña, sigúeme. 
Tardaba: yo andaba loco 
buscándole, murmuraban 



¿ 



{Fase.) 



ACTO III. 81 

el Gonzalo y sus consocios: 



al tal Gonzalo le tengo 



un afecto rencoroso 

regular: con que por ver 

si daba un golpe a ese mozo, 

cogí el caballo y arneses 

del primo, y voy y me emboco 

en la liza, bien echada 

la visera sobre el rostro. 

Al verme, se armó un estrepito 

de aplausos escandaloso: 

todos gritaban : « ya esta : 

que se empiece: pronto, pronto.» 

Los caballos con la bulla 

se espantan y dan corcovos ; 

yo haciéndome el distraido, 

bufando y mirando fosco , 

á jueces y contrincantes 

los distraigo y atolondro: 

el ceremonial se olvida; 

frente á un leone's me coloco , 

el me hace cara, y partimos 

á toda advertencia sordos. 

En aquella suerte el Cid 

contrahecho quedó airoso; 

á la segunda rodé 

sin mas sentido que un tronco. 

Gonzalo es hombre de puños, 

lo confieso sin rebozo. 

Rey. Habéis expuesto el honor 

del Cid. 

Alvar. Pero ¡que' furioso 

que vino! A mí me llamó 
simple, á sus contrarios topos, 
á los jueces ignorantes 
de su obligación y flojos. 
Reclamó combate nuevo, 
se le otorgaron atónitos , 
y vuelta á principiar: esto 
sí, me tiene pesaroso 
de mi enredo, porque ahora 
va a hacer mi primo un destrozo 

6 



LA JURA EN SANTA GADEA. 

en esa familia; cada 
bote costará un responso. 

ESCENA X.l 

ILLAN.— Dichos. 



Illan. 



Alvar. 

Illan. 

Alvar. 

Illan. 

Alvar. 

Illan. 



Rey. 

Illan. 



¡Castilla! ¡Castilla! el campo 
ha quedado por nosotros. 
Seis leoneses han volado 
de la silla como copos 
de lana. 

Como jo. ¡Ese 
es el Cid, voto al demonio! 
Gonzalo el se'ptimo fue. 
¿Rodó también ese prójimo? 
Cayó 

¿Sí? pues me levanto. 
Pero cayó como un plomo: 
y juzgo que á la hora de esta.... 
per Christum Dominum nostrum. 
¡Que! ¿ murió ° 



Tendria malas 

entrañas, y se le han roto. 

Allí en el suelo ha rogado 

que no prosiga el negocio, 

pues lo que dijo del Cid 

era falso testimonio. 
Rey. ¿Falso? Dios es justo: sea 

con el misericordioso. 
Voces dentro. (A un lado.) ¡Viva el Cid! ¡viva Castilla! 
Dentro. {A otro lado.) ¡Viva León! 
Alvar. ¿Q ue ' alboroto 

es este? 
Rey. Ya están mis tropas 

aquí. 
Dentro. ¡Viva Don Alfonso! 

¡Muera el que pida la jura! 
Cid. (Dentro?) Silencio: dejadme solo. 



ACTO Ilí. 83 



ESCENA XI/ 

El CID. Castellanos. Soldados leoneses ., asturianos y galle- 
gos. Un escudero, con el pendón del Cid. Pueblo. — Dichos. 

Cid. Rey Alfonso, acallad la gritería 

de esa feroz y desbandada hueste, 

primero que de alguna tropelía 

cólera brote que venganza cueste. 

Gonzalo pereció , y en su agonía , 

temblando de la cólera celeste, 

á mí en público..... 
Rey. Bien: os satisfizo. 

Lo se'. 
Cid. Pero hubo mas. 

Rey. ¿Y que' mas hizo? 

Cid. Con viva muestra de dolor profundo 

la confesión me declaró en secreto 

que le arrancó á Vellido moribundo. 
Rey. Ya me tenéis por escucharla inquieto. 

¿Que' dijo en fin el regicida inmundo? 
Cid. Dijo que de Zamora en el aprieto (Aparte al Rej\) 

vuestra hermana mandó el asesinato, 

y e'l contó con que á vos os fuera grato. 
Rey. ¡A mí! ¿Tal me juzgaba el miserable? 

¡ Mi hermana fue capaz de acción tan fiera ! 

¿Que' pensareis de mí? 
Cid. No temáis que hable. 

De vos, ni aun debo sospechar siquiera, 

y de princesa el nombre respetable 

fiel en Urraca mi lealtad venera. 
Rey. Basta: vuestra palabra me asegura; 

pero es preciso mas. Haré la jura. 
Cid. Burgaleses, leoneses, asturianos, 

el digno Rey que obedecer debemos, 

para dechado ser de Soberanos, 

la jura otorga que pedido habernos. 
Alvar. Así le adorarán los castellanos. 
Rey. Sí, la otorgo. Tomadla y abreviemos. 

Cid. La ballesta. 



U LA JURA EN SANTA GADEA. 

(Ulan va, y vuelve poco después con una ballesta armada?) 

(Aparte?) Leamos de camino 
lo que añora la Reina me previno. 

( Saca unas tabletas de marfil cogidas por un extremo con 
un cordón, y lee en ellas lo siguiente.') 

Que retardéis la jura os encomiendo, 

y no reciba el cetro mi cuñado 

sin que antes las campanas con estruendo 

mi gobierno ya den por acabado. 

Precepto singular, que no comprendo; 

pero será cumplido y acatado. 
Illan. Tomad , señor. ( Dándole la ballesta. ) 

Cid. La ceremonia empieza. 

Oid, y descubrirse la cabeza. 

(Se acerca al Rey, y le pone la ballesta cerca del pecho: 
el Rey tiende la mano encima.) 

Poned la mano en la ballesta armada (12) 
y jurad ante el reino de Castilla 
que de Sandio la muerte desastrada, 
bien que el os arrojó de vuestra silla , 
no fue por vos urdida ni mandada. 

Rey. Juro que culpa tal no me amancilla. 

Cid. (Aparte. De la campana la señal no siento.) 
Se os da fe. — Se repite el juramento. 

Rey. ¡ Repetirlo ! 

Cid. Empuñad este cerrojo 

con que cierra su umbral Santa Gadea. 

( Yendo con el Rey hasta la verja y moviendo la hoja en 
que está el cerrojo. ) 

Rey. Rodrigo, reparad que me sonrojo 

Cid. Jurad que ni aun tuvisteis leve idea 

de que otro por temor ó por enojo 
mandara el golpe que á Vellido afea. 

Rey. Yo lo juro, y por Dios que se limite 

Cid. (Aparte. Nada escucho. ) Se os cree. — Se repite. 



ACTO III. 85 

Rey. ;Otra vez mas! 

Cid. Con la rodilla hincada 

(Va con el Rey hasta el altar , donde está el misal , y 
le abre!) 

y tocando esa página divina 
donde empieza la crónica inspirada 
del que á salvar al hombre de su ruina 
descendió de la célica morada 
para morir en cruz en Palestina, 
rendid á la verdad nuevo homenaje. 

Rey. (ArrodiUándosc.^Yeá que habéis de prestarme vasallaje. 

Cid. Sostened y jurad que tan lejano 
de vos anduvo el criminal intento 
de tender asechanzas al hermano, 
que antes bien al saber su fin sangriento 

(El Rey interrumpe al Cid 7 y pone la mano sobre el 

Evangelio?) 

Rey. Juro que ageno de placer villano 

le consagré el piadoso sentimiento 
que es bien que el noble con su sangre tenga. 

Cid. Como jurado habéis, tal os avenga. 

No hay en Castilla tribunal de Reyes 
ni nuestros ojos ven los corazones : 
al Sumo Juez que con iguales leyes , 
rodeado de angélicas legiones, 
ha de pedir á las humanas greyes 
cuenta del bien y el mal de sus acciones, 
pues en ciencia y poder es infinito , 
el juramento que prestáis remito. 

Rey. El juzgue. 

Cid. Y para ejemplo del malvado 

que á traición de un contrario se deshaga, 
y el título de gefe de un Estado 
por un perjurio vil reciba en paga , 
permita el cielo, amen, que destronado 
víctima espire de plebeya daga, 
y arrastrado por valles y laderas, 
cebo á las aves dé , pasto á las fieras. 

Rey. ¿ A quién es ese amago tan funesto 



80 LA JURA EN SANTA GADEA. 



con que de rabia se me enciende el rostro ? 
¿Es á mí? 

(Suenan las campanas: se levanta el Rey-) 

Cid. (Aparte. ¡La señal!) No: lo protesto. 

Vos el Monarca sois á quien me postro. 
¡Castilla por el Rey Alfonso el Sesto! (Se arrodillad) 

Todos» ¡Viva el Rey l ¡viva el Rey! 

Cid. Vuestra ira arrostro, 

y en señal de legítima obediencia 
la mano os pido. 

Rey. Huid de mi presencia. 

Solo porque sois vos el que dispusa 
que vasallaje aquí se me ofreciese, 
recibirle de nadie aquí rehuso : 
quien subdito de Alfonso se confiese , 
venga al alcázar , y conforme al uso, 
y sin que el Cid en medio se atraviese , 
tendrá el acto solemne cumplimiento. 
Partid vos de mis reinos al momento. (Al Cid.) 
Fuera un error que la razón condena 
dejar impune escándalo tan grave. 

Cid. Orden con que su mando el Rey estrena 

sagrada es por demás , dura ó suave : 
señalad, pues, el termino á la pena, 
para mostraros boy y cuando acabe, 
cuan fiel vuestros preceptos idolatro. 

Rey. Por un año salid. 

Cid. Saldré' por cuatro. 

(Vasc el Rey y y le siguen todos , menos Alvar y algunos 
castellanos. ) 

ESCENA XII.J 

El CID. ALVAR FAÑEZ. Castellanos. 

Alvar. ¿Y adonde irás? Alfonso te destierra , 

tú al vecino Aragón de un Rey privaste, 
tu padre del Navarro entró en la tierra 
y pueblos le ganó que tú heredaste. 

Cid. Bien en la España mora habrá una sierra 



) 

ACTO III. 87 

donde probar, aunque mi vida gaste, 

si de raíz de infieles la descepo , 

ya que en la España de Jesús no quepo. 

Alvar. Te seguiré' donde la planta sientes. 

Algunos castellanos. Yo también. 

Otros. Yo también. 

Cid. ¡Divino rayo 

que en las cumbres de Asturias eminentes 
inflamó á los guerreros de Pelayo! 
brilla sobre esta tropa de valientes , 
para que haciendo de su fuerza ensayo , 
quien ecliado del suelo de su cuna 
boy sin patria se ve, se alce con una. 

Todos. Sí. 

Cíd. Patria , donde libres como el viento , 
lejos vivamos de áulicos erguidos, 
de compatricios de menguado aliento, 
de Alfonsos, de Gonzalos y Vellidos. 
¡Y ojalá cuando vista y pensamiento 
á los muros volváis antes queridos, 
ojalá que miréis con faz serena ! 
Yo no: yo dejo aquí ¡Cielos! ¡Jimena! 

ESCENA XH^j^fi 

La REINA. JIMENA. Acompañamiento. — Dichos. 

Jimena. ¡Mi Rodrigo! 

Cid. ¡Señora! Esta llegada 

Reina. Ya puede ser Jimena tu consorte. 
Jimena. La voluntad de Alfonso fue burlada 

por la Reina. 
Cid. ¡Por vos! 

Reina. Trazas de corte. 

Para las diez estaba señalada 

la ceremonia. 
Cid. ¡ Vengativo porte 

de Alfonso, que á ñora tal ya presumía 

que alzado por Monarca se le habría! 
Reina. La aclamación del Rey, por mi artificio, 

fue después de las diez. Jimena en tanto 



88 



JlMENA. 

Reina. 



Cid. 
Reina. 



Cid. 
Reina. 

Cid. 
Reina. 



JlMENA. 

Cid. 



JlMENA. 

Cid. 



LA JURA EN SANTA GADEA. 

resignada al violento sacrificio , 
íbale á consumar. Yo me adelanto : 
alzo la voz, suspéndese el oficio 
y cesa de las vírgenes el canto 
al oir que le grito á la prelada: 
« esa joven su fe tiene jurada. » 
Con la cruz en la mano me pregunta: 
yo no pude mentir. 

Allí, delante 
de la curiosa muchedumbre junta , 

de vos Jimena declaróse amante 

¡Ah! 

Y á mí se arrojó casi difunta. 
La prelada exclamó : « no se quebrante 
voluntad que tan firme persevera. 
Sirva Jimena á Dios de otra manera.» 

Pero el Rey 

Ya lo sabe, y mal su grado 
en vuestra unión por último consiente. 
¿Es posible? 

Conmigo está obligado 
á respetar el acto que se cuente 
por último y final de mi reinado, 
y en este aun era mi poder vigente. 
Propios de corte son esos ardides, 
mas no de castellanos adalides. 
Lo rechazo. 



Pu 



es ¡que. 



Vuelve de nuevo 
al alcázar del }\cy y á su tutela: 
yo de sus manos recibirte debo 
por su libre querer , no por cautela , 
no como que robada te me llevo. 
El para el sí que tu Rodrigo anhela, 
el quiero que tus sienes enguirnalde. 
Pero no admito yo nada de balde. 
Mas ; cómo....? 



Villas hay que por vasallas 
codicia Alfonso en el confín rayano: 
yo voy á echar á tierra sus murallas: 
ya el Rey se templará si ve que gano 
una y dos y otras dos, cinco batallas, (13) 



ACTO 111. 



80 



Jim en a. 
Cid. 

JlMENA. 

Cid. 



Reina. 

JlMENA. 

Cid. 
Reina. 

Cid. 
Reina. 



Cid. 
Jimena. 

Reina. 



una por cada dedo de tu mano. 
¿No temes que la muerte nos desuna? 
Conmigo va tu amor, va mi fortuna. 
[Otra separación! 

Esa es la vida 
que de un guerrero á la muger le espera: 
cuando el clarín ¿í batallar convida, 
viuda ha de ser sin que su esposo muera. 

Y siendo tú del Cid la prometida, 
en desconcepto de los dos cediera 
marchar al templo sin llevar en arras 
cien haces de cautivas cimitarras. 
Animo, pues, consiente, y partiremos. 

Y vos dadme la mano generosa. 
Quizá ya nunca 

Nunca nos veremos. 
Abrazadle cual madre de su esposa; CA la Reina?) 
si no, no callare lo que os debemos. 
[La Reina á mí ! 

Una triste religiosa 
vuestra Reina va á ser. 

Falt 



¿Que' hay que os obligue, 
a en el mundo quien con el me ligue. 



{Abrcizansc. ) 

Señora , á Dios. 
{Arrodillándose.} Señora, mil perdones. 

¡Oh! cuánto os ofendí! 

Yo en la clausura. 

yo al Señor con fervientes oraciones 

yo pediré', Jimena, tu ventura 

victoria de tu esposo á los pendones , 

paz para mí. 
Cid. {Arrodillándose.} [Celeste criatura! 
Reina. Por despedida vuestra unión bendigo. 

Partid. 
Cid. Jimena, á Dios. 

Jimena. A Dios, Rodrigo. 



FIN. 



NOTAS. 



(i) La Reina Alberto. «Ningún antiguo hizo mención de que 
el Rey D. Sancho hubiese sido casado. Pero lo que aquellos no 
espresaron, se averigua por dos escrituras las cuales espresan 
el nombre de la Reina, que era Alberta: y podemos decir que 
fue estrangera, según lo peregrino de la voz, pues acá no usa>- 
ron de tal nombre. Cuál fuese la patria ni la casa, no se sabe 

hasta ahora y es creible que se volviese á su tierra después 

de la muerte del marido, como sabemos lo practicaron otras. " 
Florez, Reinas católicas, tomo I. 

(2) Planto mi bandera verde. «E ellos estando en esto, vie- 
ron venir al Cid Rui Diez con trecientos caballeros, e conoscie- 
ron la su seña verde." Chrónica del famoso caballero Cid Rui- 
Diez Campeador, capítulo xli. 

(3) Edad contais con exceso. «Las grandes hazañas que se le 
atribuyen (al Cid) relativas al reinado de D. Fernando I, se in- 
ventaron por los poetas que compusieron sus romances en ala- 
banza del héroe castellano, después del reinado de S. Fernando. 
Lo primero que se fingió , fue el nacimiento del Cid en el año 
de 1026. Las memorias mas antiguas que tenemos de Rodrigo 
üiaz, indican expresamente que era muy joven cuando murió 
su padre Diego Lainez , cuyo fallecimiento fue en el principio 
del reinado de D. Sancho, Rey de Castilla. Las genealogías de 
los Reyes que condene el Tumbo negro de Santiago , traen esta 
primera noticia : Cuando murió Diego Lainez, padre de Rui Diaz, 
priso el Rey D. Sancho de Castiella á Rui Diaz, et criólo et fizólo 
Caballero. En lo cual siguió el autor de las genealogías las his- 
torias anteriores Habiendo, pues, comenzado á reinar Don 

Sancho en el año de 1066, y siendo entonces Rodrigo Diaz tan 
joven que tuvo necesidad, por la muerte de su padre, de que 
el Rey D. Sancho le llevase á su palacio y perfeccionase su 
educación, se evidencia que los romanceros y crónicas adelan- 



92 

taron su nacimiento al año 102ÍÍ con solo el fin de poner al 
Campeador en edad de poder señalarse en valor, y de atribuirle 
las hazañas que fingieron en lo relativo al reinado de D. Fer- 
nando." Historia del Cid por el Padre Risco, páginas 86, 87, 88. 

Cuando lidió el Rey D. Sancho con el Rey D. Ramiro en Grados, 
non lii ovo mejor caballero que Roi Diaz. Cita de Risco, ibid. , pá- 
gina 119. 

La batalla de Grados parece que se dio en el año 1067: lue- 
go si Rodrigo era capaz de distinguirse notablemente por las 
armas en este año, no podía ser muy muchacho en el año ante- 
rior io(i(>: en vista de esto se ha fijado aquí el nacimiento de 
Rodrigo en ro44? para que en 1078 fuese mayor de edad con 
exceso según el Fuero Juzgo. 

(4) Se dice que experimenta 

el buen Don García á ratos 

— ¿ Qué P — Trastornos de cabeza. 

«Estaba García, en cuanto alcanzo, algún tanto dementado, 
y así era absolutamente incapaz de reinar." Romey, historia de 
España, tomo II, pág. 397, col. 2? de la traducción. 

(5) Jimena. (Es Jimena Diaz.) 

«El Rey D. Alonso, restituido á su reino. — olvidándose de 
los agravios que le habia hecho (el Cid) en las guerras de que 
resultó su total ruina, fue servido de ordenar se casase con Do- 
ña Jimena Diaz, hija de Diego, Conde de Oviedo, y prima 
hermana del Rey D. Alonso. Este casamiento se celebró tan 
poco tiempo después de la restitución de D. Alonso á su reino, 
que se sabe estaban ya casados en el año de 1074." Kisco, his- 
toria del Cid, páginas 127 y 128. 

«Las Crónicas del Cid y la Historia general de España lla- 
mada del Rey D. Alonso, convienen en que Rodrigo Diaz se 
casó con Doña Jimena Gómez , hija del Conde D. Gómez de 
Gormaz, á quien el mismo Rodrigo quitó la vida, según su 
crónica, en el cap. 2?" 

«El matrimonio de Rodrigo Diaz con Doña Jimena Gómez 
no es otra cosa que una de las muchas patrañas que se han 
adoptado en nuestras crónicas contra la autoridad de los mo- 
numentos mas auténticos , que solo dan á Rodrigo por muger á 
Doña Jimena Diaz:' Ibid., cap. 17, pág. 275. 



do 



((>) De la lealtad de Rodrigo 

cabe concebir sospechas. 

Este recurso de que el autor se vale también en el acto 2V, 
y aun en el 3?, se lo han sugerido los versos siguientes de 
Guillen de Castro, en la segunda parte de Las mocedades del Cid. 

El Cid (« D. Alfonso.) 

Oye el por qué no te juro , 

pues no te ofendo, aunque callo. 

Señor, el vulgo atrevido 

locamente ha murmurado 

que fui cómplice por tí 

en la muerte de tu hermano. 

Por eso se dice después con referencia á Vellido: 

Vuestra hermana mandó el asesinato, 

y él (Vellido) contó con que á <vos os fuera grato. 

(7) Yo tomaré el juramento. 

« Cumque nullus esset qui juramentum á Rege auderet acci- 
pere, suprafatus Ilodericus Didaci, strenuus miles, juramen- 
tum á Rege accepit. Quapropter Rex Adefonsus semper ha- 
buit eura exosum." Lucas Tudensis. 

(8) Don Sancho 

no era su Rey natural. 

«Entre los que estaban dentro (de Zamora) habia uno lla- 
mado Vellido Dolfo ó Ataúlfo, de cuya patria no dicen nada 
los antiguos y varían los modernos." Perreras, Historia de Es- 
paña, tomo V, pág. 119 de la primera edición. 

(9) Quiere decir en la iglesia de Santa Águeda , parroquia 
antigua de Burgos, que quizá seria entonces muy principal. 
Gadea es corrupción de Águeda ó Agatha. 



( M 



(i o) Dio muerte en campal batalla 

al Rey de Aragón Ramiro. 

Esto no es histórico. Se ignora quién dio muerte al Rey Tía- 
miro en la batalla de Grados, en la cual se señaló Rodrigo, 
como ya se manifestó en la nota 3. 

(i i) Con quince lidié en Zamora. 

«Cum vero Rex Sanctius Zamoram obsederit , tune fortunas 
casu Rodericus Didaci solus pugnavit cum XV militibus ex ad- 
versa parte contra eum pugnantibus; Vil autem ex bis erant 
loricati, quorum unuin interfecit, dúos vero vulneravit et iu 
terram prostravit, omnesque alios robusto animo fugavit." Apén- 
dices á la Historia del Cid por el Padre Risco, núm. 6, pág. 16. 

(12) Poned la mano en la ballesta armada. 

Los cuatro primeros versos de esta octava son casi los mis- 
mos que en igual caso le atribuye Diamante al Cid en la come- 
dia titulada El cerco de Zamora. 

Las imitaciones que del Romancero del Cid hay en esta es- 
cena y en otras del drama, no se advierten a los lectores por lo 
conocidas que son. 



(i 3) Una y dos y otras dos, cinco batallas. 



«E juró luego en sus manos (en las de Jimena) que nunca se 
viese con ella en yermo nin en poblado, fasta que venciese cin- 
co lides en campo." Chrónica del famoso caballero Cid Rui Diez 
Campeador, capítulo ni. 

En el verso siguiente el autor no ha sabido cómo evitar el 
da de do de sin que bajo otro concepto resultase el verso con 
otra falta mayor. 



V